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domingo, 14 de junio de 2026

Mundial 2026 / El Futbol vs La Poesía

Javier Acosta Romero


Todo mundo habla con claridad del futbol, pero se complica cuando habla sobre la poesía. Dinámico y azaroso, el futbol se convierte en vehículo de euforias, en un lugar privilegiado para mostrar emociones, liberar la válvula de escape y gritar, llorar, ponerse en modo fiesta o el más gélido estado de amargura y frustración.

¿Qué exige la poesía? ¿Qué permite?, porque no podemos suponer a nuestro equipo ganando si el adversario ha anotado tres goles y el nuestro ninguno. La poesía, como objeto estimulante, puede plantear una mano donde hay un pie, o una redondez donde hay una esquina; imposibles que ocurren pero son la materia que aviva la grandeza del futbol, como los goles ganadores de último minuto.

Frente a esto, la materia de la poesía parece cosa de nada: escritura. El peso de las palabras vuelve vistoso encontrarla; su dinámica azarosa nos puede llevar al final de un poema con o sin mayores pausas, que exigen igual que los cambios de jugadores en pleno partido; se tiene derecho a cinco y en un poema a los que se necesite, porque el poema no se escucha como se habla, por eso requiere como objeto que su lector lo perciba.

Si un jugador controla la pelota y no percibe que un contrario lo va a embestir, el choque ocurre, perderá la pelota, cambiará la trayectoria del juego, se nutrirá el partido con una nueva variable que defina su curso. En la lectura de un poema las variables las da el mismo lenguaje, el juego intencionado del poeta que puede permitirle al lector llegar con comodidad al final del texto o todo lo contrario, ofrecernos un paseo por la montaña más agreste para simplemente detenernos en los primeros versos y dejar la continuación a los azares de la vida.

Al leer un poema esperamos llegar al final; los tropiezos de un partido se resuelven al momento porque la pelota no puede quedarse sin posesión de alguna de las partes; todo el tiempo se le disputa y dirige. En la poesía, “jugar la pelota” se acerca a la relectura de los versos, hasta lograr una continuidad en la experiencia literaria. Se esfuerza el lector en releer, en observar el verso o la estrofa hasta que sucede el sentido, ese ‘algo’; la intuición de algo viable, que nos hace adentrarnos en la lectura sin tantas precauciones. Lo básico es darle continuidad a los sonidos, pero lo estimulante es darle continuidad a las imágenes que se proyectan sin haberlas buscado; activas nos acercan a lo indecible, donde se puede permanecer hasta que termina el juego con el pitazo del árbitro de la realidad más concreta.

En principio, las expresiones poéticas llenan nuestra cotidianidad de novedades sonoras equivalentes a la destreza de un jugador con el balón al saltar líneas imposibles o dar pases inesperados o tirar con garra e ingenio a salidas prodigiosas del portero. Se virtualiza algo que al parecer ocurre hasta que termina el concierto o desconcierto cuando se finaliza la jugada al vivirse la certeza del sentido (alguna revelación, algún camino).

No hay garantía de llegar hasta el final con los once jugadores del inicio. Y si a ese poema le sigue otro, no sabemos si empieza un nuevo partido o es la continuación del anterior o una variación o un equívoco. En cambio, en el futbol, la belleza del conjunto sucede al distinguirse el juego del contrario, su distancia o posesión con respecto al balón; nos lleva a observar el parado de los equipos, su propuesta de juego. Pero en la poesía, la propuesta de juego puede ser simplemente una sonoridad estimulante: el cuerpo reacciona, la mente reacciona si es que ocurre. Se llega quizás al final (con gol o sin gol), se cierra el poema, se observa el espacio vacío que le señala al lector el límite último del objeto en su forma más convencional, donde el mundo del lector se rehace, se recupera, se estropea o se transforma. Muy parecido a cuando nuestro equipo gana, empata o pierde, aunque perder con la poesía pueda agradecerse.

Los límites del futbol más profesional requieren cumplir con las dimensiones de una cancha reglamentaria, mientras el espacio de la poesía (sea la más sediciosa o la más formal) llega a descubrirse en dimensiones personales únicas con el propósito de gritar gooool al hechizarse (o desquiciarse) aunque sea por un instante. Que el lector haga lo que quiera con ese hallazgo, igual que un jugador al anotar su gol, volviéndose loco/loca al reconocer la cancha donde ha ocurrido, sea como local o como visitante, sea una cancha de tierra o completamente endurecida.

Claro que, mientras la pelota está en juego hay esperanza, oportunidad. Si la poesía sólo fuera esférica, el lector estaría obligado a jugarla, sin darle posibilidad al autoengaño. En el futbol es insostenible el autoengaño, los aficionados están siempre preparados para alertar al respecto; con insultos, desde la porra oficial o desde la indignación personal. Una buena mentada de padre o de madre quiebra el autoengaño de la contratación costosa o del talento vacío.

En la poesía suena el nombre de la poeta o el poeta legítimamente encumbrado; sólo con el nombre sucede la poesía. Cada poeta es una puerta abierta a la poesía; los grandes nombres encumbran este arte futbolero. Si alguien se empeña en ensuciarlo, en retrasar el juego, en entorpecerlo, en ningunearlo el futbol lo sacude con heroísmo y arrojo para encender el entusiasmo de los aficionados en busca de un empate si su equipo va perdiendo.

En la poesía el oponente es el poeta, no hay a quien más señalar al revisar y vivenciar la propuesta impresa o digital. Al leer tenemos dos opciones, descubrirnos parte del equipo del poeta o contrincantes que, si perdemos, estamos listos para la revancha. El futbol siempre ofrece revanchas. La poesía también, si no es con un poeta es con otro, porque la poesía (cuando ocurre) no se interesa en las intenciones deshonestas del lector enceguecido, va al encuentro de quien abre la puerta (por casualidad o entrega) y se adelante al abrazo crudo e imparcial; única confluencia que vale la pena para quien descubre en ese instante ese algo nuevo tan parecido a un nunca más, propio de quienes vivimos la destreza y gloria de los grandes futbolistas y de grandes momentos que nos hacen mantener el amor por este juego de esencia universal.

(Tomada de Facebook pero seguro es de un militar 
de la Fuerza Aérea Mexicana. 2026)



martes, 30 de diciembre de 2025

2026 - Carácter y energía del nuevo año

(La Rueda de Fortuna. Energía del año histórico 2026)

Javier Acosta Romero

Maestro e intérprete del Tarot de Marsella 

2026, en el Tarot de Marsella responde al arcano X, La Rueda de Fortuna, si hacemos la suma teosófica (2+0+2+6=10). Y en un ejercicio de conservar el valor de esta carta como carácter o energía dominante en el 2026, tendríamos que revisar el valor del VIIII, El Ermitaño, que representó de manera alegórica al 2025. 

El 2025 se enfocó particularmente en soltar todo aquello que dejó de ser de utilidad, las cuestiones de salud son un ejemplo de ello, sobre todo a nivel emocional; el poder imperial es otro ejemplo. Las enfermedades nos ayudan a desechar lo que se ha vuelto tóxico para nuestra alma y lo refleja en el cuerpo. Las cuestiones del poder imperial, con El Ermitaño, obligaron al poderoso a reconocer sus propios límites si no quería que su imperio cayera.

De manera personal estuve acompañando a El Ermitaño con cartas como El Papa, La Fuerza, El Sol, El Diablo y El Enamorado. Para este 2026 tendría que ocurrir algo parecido ya que el X, La Rueda de Fortuna desafía nuestra sensación de seguridad y bienestar con la fuerza de los imprevistos que obligan al cambio de fortuna. Sea a favor o en contra la diosa Fortuna muestra su verdadero ser, su verdadero rostro cuando menos se le espera. Depende de nosotros la manera de mirarla y con ello reconocerla o no. 

La misma carta X nos invita a aceptar el o los cambios de tal suerte que procuremos aprovechar su propia dinámica y carácter. Cualquier cosa que deseemos imponerle al cambio nos va a frustrar o dañar si no coincide o concilia con el carácter del cambio. La misma carta nos alerta sobre la naturaleza de los cambios: por fenómenos naturales o por acciones humanas intencionadas o accidentales. 

Existen en la baraja del tarot de Marsella, algunas cartas interesadas en conocer a la diosa Fortuna, por ejemplo: La Emperatriz y El Papa, ambos personajes están sentados, ella advierte la presencia de la diosa y él la reconoce muy seguro de con quién va a tratar. En tanto con mayor decisión El Loco y el arcano XIII, ambos personajes están de pie, viven la experiencia de la diosa Fortuna como si la encarnaran; el primero encaminado a partir de un propósito fijo; el segundo, más encarnado en la actitud ritual del canto, el baile y el festejo que nos permite desprendernos de nosotros mismos y del presente con sus reglas y leyes; el arcano XIII es la vitalidad primigenia que nos hace adorar el sentirnos vivos. 

No se trata como en el 2025, a lo que el cuerpo aguante sino permitirle al cuerpo en lo posible las mejores condiciones, aunque esas condiciones sean nuevas en nuestra vida.  Estar dispuestos al cambio, adaptarnos y eso sólo se logra viviendo en el presente. Varias cartas nos indican cómo hacerlo; con mayor claridad la carta VIII (por medio del control y el poder y, la carta XII (cambiar el punto de vista, ejercer la compasión). Otras cartas más implican interpretaciones (ya no actitudes) de lo que es vivir en el presente, como la carta XVIIII, El Sol, que destaca el trabajo en equipo, el trabajo comunitario, la solidaridad con los desfavorecidos; en tanto, la carta XV, El Diablo, concentra el presente en sus propias necesidades (su mirada bizca es famosa como indicio de alguien que ve la realidad como quiere que ésta sea y no como es). Otra carta ambigua con respecto a las maneras de vivir el presente es la carta XX, El Juicio, donde cuatro personajes se concentran en el instante del cambio (el final de los tiempos) donde el mundo celeste y el mundo humano convergen al fin; los muertos resucitan con el sonar de la trompeta del arcángel Gabriel; Eva se desencanta de Adán que se deja encantar por el mundo celestial; inevitablemente se volverá al origen primario: el Paraíso; la carta XX termina con los charlatanes afectivos y las charlatanerías tecnológicas ya que cualquier catástrofe acerca a la reconstrucción del Paraíso. Por supuesto esto es una interpretación a la que invita la carta XX en juego con la carta X, que es la energía del 2026.

Una forma más de experimentar con la carta X, con la energía del 2026, está en la tentación que se tiene frente a la maquinaria de la rueda de la diosa Fortuna: aprender a controlarla. Si observamos la carta se trata de una ingeniería imposible aunque significativa. Maquinaria al fin pero, ¿es posible controlar lo imposible? 

Pensemos por ejemplo en la mentada invasión a Venezuela; es más factible que ocurra este año, evidentemente; la diosa Fortuna puede sentirse de humor y rodar la rueda con todas las posibilidades por delante, como ocurre en Gaza o en Ucrania. La Rueda de Fortuna da rienda suelta a la tentadora trampa de intentar el control, incansablemente seguir con el juego infinito y autodestructor del control. Fortuna, en tanto, sólo sonríe, altera los planes, sorprende con lo inesperado, perjudica, beneficia, estorba. Baila con nosotros. 

Se observan más cuestiones a partir del X pero, por el momento, esto es suficiente. Que tengas un año revelador! 🎄