Javier Acosta Romero
En la imagen, el marco metálico pertenece al Metro de la Ciudad de México, estación División del Norte (enero 2026). Me llamó la atención por el contraste tan marcado entre el arriba y el abajo. Arriba lo titulan “por sabor, frescura, calidad y variedad”; cualquiera pensaría que son cuatro atributos del producto (que nunca se menciona) pero si ponemos atención, son tres atributos que responden a los gestos de las tres mujeres uniformadas, más la variedad que es notoria abajo: los productos de Tuny.
La mujer de cabello rubio reacciona al sabor, incluso se centra la imagen en su lengua que, a nivel sensorial nos ayuda a percibir sabores; la mujer de en medio responde a la frescura, agregando a la lengua ensalada fresca en un tenedor y en un platón transparente, además de notarse un escote que la hace sentirse acalorada y con necesidad de frescura y; la de la derecha responde a la calidad: una especie de suma de las dos anteriores, donde es notorio la gradación de los dientes: dos en la primera, los de arriba en la de en medio y, toda la dentadura en última; igualmente, otra gradación: una mano en la primera, dos manos separadas en medio y dos manos juntas a la derecha. También se aprecia una gradación en el cabello: más rubio en la izquierda, más oscuro en medio y un equilibrio entre oscuro y rubio en la mujer de la derecha, que actúa como una gradación donde armonizan las dos primeras.
Estas gradaciones condicionan la uniformidad, rompen la uniformidad y entra en juego la “variedad”. Muy parecido a lo que ocurre abajo. Tienen la uniformidad de una marca (Tuny), pero la variedad en el tipo de enlatados que van de menos a más: latas, sobres, bolsas.
“Se nota que…” tiene la misma tipografía que el letrero de arriba, lo que hace un puente equivalente al letrero “variedad” que une el abajo con el arriba; “se nota que…” une al arriba con el abajo a manera de conclusión (una conclusión impuesta por el producto), abierta al razonamiento que la marca impuso arriba: “Por sabor, frescura, calidad y variedad… Se nota que… Y cambia la tipografía hasta tres veces: 1) lo tuyo es 2) Tuny 3) Sin soya. Tres, en una especie de triada de colores que imita a la de arriba: blanco, blanco con rojo y, rojo con blanco, formando un triángulo, que es un símbolo de lo femenino junto a una configuración cuadrada (lo masculino), en la que se insiste con las cuatro latas de la base, que responden a la variedad.
El logotipo de Tuny está en todos los productos pero también está en la triada de los letreros de abajo, con lo que Tuny es la mujer de la derecha, la de en medio es “Sin soya” y la de la izquierda es “Lo tuyo”. La mujer Tuny sabe de sabor, sabe de frescura y sabe lo que las otras no, sabe de calidad. Las dos primeras no escuchan, ella sí. Las dos primeras devoran, ella antoja.
La pesadez de los productos (latas de metal, bolsas grandes), el hermético del producto (bolsas cerradas) contrasta con algunas latas abiertas, los sobres parados en vertical pero, sobre todo, se equilibran con la triada de arriba, en azul y en blanco, lo que le da levedad a esas mujeres por sostenerse en cuerpos de cielo, de nube… etéreos, propio del mundo angélico aunque, al ser mujeres evidentes, por su pureza se convierten en una triada de ninfas: la del sabor, la de la frescura y la mejor de todas, la ninfa o el hada de la calidad: Tuny.
El efecto que crea el conjunto es de levedad, verticalidad suave, levitación, lo que nos resta a los citadinos arraigo terrestre. Nuestro cerebro asiente a esta imposición publicitaria como si consumiéramos un fármaco que nos quita peso, nos quita preocupaciones; o al menos las vuelve ligeras, leves. Tuny entonces conoce de esa necesidad que tenemos por quitarnos los lastres cotidianos o, al menos, la necesidad para que nuestra vida sea más ligera, más llevadera. No es tanto que lo logremos al consumir atún sino que, el consumir Tuny nos proporciona esa sensación de levedad. Es la promesa.
De los efectos más poderosos en el cine están las películas que logran llevarnos con éxito a momentos de vuelo, a la sensación de volar, a levitar como si fuéramos de aire o de nubes y no el cuerpo terrestre, arraigado a las leyes y exigencias tajantes de lo mundano.
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