domingo, 14 de junio de 2026

Mundial 2026 / El Futbol vs La Poesía

Javier Acosta Romero


Todo mundo habla con claridad del futbol, pero se complica cuando habla sobre la poesía. Dinámico y azaroso, el futbol se convierte en vehículo de euforias, en un lugar privilegiado para mostrar emociones, liberar la válvula de escape y gritar, llorar, ponerse en modo fiesta o el más gélido estado de amargura y frustración.

¿Qué exige la poesía? ¿Qué permite?, porque no podemos suponer a nuestro equipo ganando si el adversario ha anotado tres goles y el nuestro ninguno. La poesía, como objeto estimulante, puede plantear una mano donde hay un pie, o una redondez donde hay una esquina; imposibles que ocurren pero son la materia que aviva la grandeza del futbol, como los goles ganadores de último minuto.

Frente a esto, la materia de la poesía parece cosa de nada: escritura. El peso de las palabras vuelve vistoso encontrarla; su dinámica azarosa nos puede llevar al final de un poema con o sin mayores pausas, que exigen igual que los cambios de jugadores en pleno partido; se tiene derecho a cinco y en un poema a los que se necesite, porque el poema no se escucha como se habla, por eso requiere como objeto que su lector lo perciba.

Si un jugador controla la pelota y no percibe que un contrario lo va a embestir, el choque ocurre, perderá la pelota, cambiará la trayectoria del juego, se nutrirá el partido con una nueva variable que defina su curso. En la lectura de un poema las variables las da el mismo lenguaje, el juego intencionado del poeta que puede permitirle al lector llegar con comodidad al final del texto o todo lo contrario, ofrecernos un paseo por la montaña más agreste para simplemente detenernos en los primeros versos y dejar la continuación a los azares de la vida.

Al leer un poema esperamos llegar al final; los tropiezos de un partido se resuelven al momento porque la pelota no puede quedarse sin posesión de alguna de las partes; todo el tiempo se le disputa y dirige. En la poesía, “jugar la pelota” se acerca a la relectura de los versos, hasta lograr una continuidad en la experiencia literaria. Se esfuerza el lector en releer, en observar el verso o la estrofa hasta que sucede el sentido, ese ‘algo’; la intuición de algo viable, que nos hace adentrarnos en la lectura sin tantas precauciones. Lo básico es darle continuidad a los sonidos, pero lo estimulante es darle continuidad a las imágenes que se proyectan sin haberlas buscado; activas nos acercan a lo indecible, donde se puede permanecer hasta que termina el juego con el pitazo del árbitro de la realidad más concreta.

En principio, las expresiones poéticas llenan nuestra cotidianidad de novedades sonoras equivalentes a la destreza de un jugador con el balón al saltar líneas imposibles o dar pases inesperados o tirar con garra e ingenio a salidas prodigiosas del portero. Se virtualiza algo que al parecer ocurre hasta que termina el concierto o desconcierto cuando se finaliza la jugada al vivirse la certeza del sentido (alguna revelación, algún camino).

No hay garantía de llegar hasta el final con los once jugadores del inicio. Y si a ese poema le sigue otro, no sabemos si empieza un nuevo partido o es la continuación del anterior o una variación o un equívoco. En cambio, en el futbol, la belleza del conjunto sucede al distinguirse el juego del contrario, su distancia o posesión con respecto al balón; nos lleva a observar el parado de los equipos, su propuesta de juego. Pero en la poesía, la propuesta de juego puede ser simplemente una sonoridad estimulante: el cuerpo reacciona, la mente reacciona si es que ocurre. Se llega quizás al final (con gol o sin gol), se cierra el poema, se observa el espacio vacío que le señala al lector el límite último del objeto en su forma más convencional, donde el mundo del lector se rehace, se recupera, se estropea o se transforma. Muy parecido a cuando nuestro equipo gana, empata o pierde, aunque perder con la poesía pueda agradecerse.

Los límites del futbol más profesional requieren cumplir con un reglamento, mientras el espacio de la poesía (sea la más sediciosa o la más formal) se descubre en dimensiones personales únicas con el propósito de gritar gooool al hechizarse (o desquiciarse) aunque sea por un instante. Que el lector haga lo que quiera con ese hallazgo, igual que un jugador al anotar su gol, volviéndose loco/loca al reconocer la cancha donde ha ocurrido, sea como local o como visitante, sea una cancha de tierra o completamente endurecida.

Claro que, mientras la pelota está en juego hay esperanza, oportunidad. Si la poesía sólo fuera esférica, el lector estaría obligado a jugarla, sin darle posibilidad al autoengaño. En el futbol es insostenible el autoengaño, los aficionados están siempre preparados para alertar al respecto; con insultos, desde la porra oficial o desde la indignación personal. Una buena mentada de padre o de madre quiebra el autoengaño de la contratación costosa o del talento vacío.

En la poesía suena el nombre de la poeta o el poeta legítimamente encumbrado; sólo con el nombre sucede la poesía. Cada poeta es una puerta abierta a la poesía; los grandes nombres encumbran este arte futbolero. Si alguien se empeña en ensuciarlo, en retrasar el juego, en entorpecerlo, en ningunearlo el futbol lo sacude con heroísmo y arrojo para encender el entusiasmo de los aficionados en busca de un empate si su equipo va perdiendo.

En la poesía el oponente es el poeta, no hay a quien más señalar al revisar y vivenciar la propuesta impresa o digital. Al leer tenemos dos opciones, descubrirnos parte del equipo del poeta o contrincantes que, si perdemos, estamos listos para la revancha. El futbol siempre ofrece revanchas. La poesía también, si no es con un poeta es con otro, porque la poesía (cuando ocurre) no se interesa en las intenciones deshonestas del lector enceguecido, va al encuentro de quien abre la puerta (por casualidad o entrega) y se adelante al abrazo crudo e imparcial; única confluencia que vale la pena para quien descubre en ese instante ese algo nuevo tan parecido a un nunca más, propio de quienes vivimos la destreza y gloria de los grandes futbolistas y de grandes momentos que nos hacen mantener el amor por este juego de esencia universal.

(Tomada de Facebook pero seguro es de un militar 
de la Fuerza Aérea Mexicana. 2026)



martes, 24 de febrero de 2026

Me compro un perro - Sujeto transespecie o Therian

Javier Acosta Romero
usygly@gmail.com
Esa libertad para orinar las calles
llenarlas de excremento
Yo la quiero
entreno para soportarme
en cuatro patas
Le pedí a mi amante me elija un buen collar
una correa

Uso zapatos especiales
en las manos
No importa la ropa que me vista
al aire andaré
con mis órganos sexuales
Quiero escuchar el chorro de mi orina contra la banqueta
si no le atino al árbol
Y contra alguna rueda estacionada
si no le atino al poste
También quiero cagar
percibir el aroma saludable de la comida digerida
Observar a mi amante embolsar su mano
y levantar aquello:
eleva el afecto a esferas desbordantes de dicha
Le pone alas al verdadero amor
[Limpia mi culo frente a todos
¡Me limpia el culo frente a todos!]

Luego llegaré a ese parque
de uso exclusivo /especial
para rascar en la tierra
hasta hacer nubes de polvo
Nadie se puede molestar

Me encimaré y abrazaré
¡Me abrazarán!
echarán agua en mi boca
Escupiré baba
¡Gritaré la pertenencia a esta libertad! - Aunque no entiendan mis ladridos
mis aullidos
¡Llámenlos como quieran!

Humanos convencidos me protegen
Mi amante procura mis caprichos
la ansiada libertad

¡ L i b e r t a d !



(Cálcifer 2025 - El amor hecho perro)

viernes, 20 de febrero de 2026

LA NINFA DE LA CALIDAD - TUNY

 

Javier Acosta Romero

usygly@gmail.com



En la imagen, el marco metálico pertenece al Metro de la Ciudad de México, estación División del Norte (enero 2026). Me llamó la atención por el contraste tan marcado entre el arriba y el abajo. Arriba lo titulan “por sabor, frescura, calidad y variedad”; cualquiera pensaría que son cuatro atributos del producto (que nunca se menciona) pero si ponemos atención, son tres atributos que responden a los gestos de las tres mujeres uniformadas, más la variedad que es notoria abajo: los productos de Tuny. 

         La mujer de cabello rubio reacciona al sabor, incluso se  centra la imagen en su lengua que, a nivel sensorial nos ayuda a percibir sabores; la mujer de en medio responde a la frescura, agregando a la lengua ensalada fresca en un tenedor y en un platón transparente, además de notarse un escote que le hace sentirse acalorada y con necesidad de frescura y;  la de la derecha responde a la calidad: una especie de suma de las dos anteriores, donde es notoria la gradación de los dientes: dos en la primera, los de arriba en la de en medio y, toda la dentadura en la última; igualmente, otra gradación: una mano en la primera, dos manos separadas en medio y dos manos juntas a la derecha. También se aprecia una gradación en el cabello: más rubio en la izquierda, más oscuro en medio y un equilibrio entre oscuro y rubio en la mujer de la derecha, que actúa como el punto donde armonizan las dos primeras.

Estas gradaciones rompen la uniformidad y entra en juego la “variedad”. Muy parecido a lo que ocurre abajo. Tienen la uniformidad de una marca (Tuny), pero la variedad en el tipo de enlatados que van de menos a más: latas, sobres, bolsas. 

“Se nota que…” tiene la misma tipografía que el letrero de arriba, lo que hace un puente equivalente al letrero “variedad” que une el abajo con el arriba; “se nota que…” une al arriba con el abajo a manera de conclusión (una conclusión impuesta por el producto), abierta al razonamiento que la marca impuso arriba: “Por sabor, frescura, calidad y variedadSe nota que… Y cambia la tipografía hasta tres veces: 1) lo tuyo es 2) Tuny 3) Sin soya. Tres, en una especie de triada de colores que imita a la de arriba: blanco, blanco con rojo y, rojo con blanco, formando un triángulo, que es un símbolo de lo femenino junto a una configuración cuadrada (lo masculino), en la que se insiste con las cuatro latas de la base, que responden a la variedad.

El logotipo de Tuny está en todos los productos pero también está en la triada de los letreros de abajo, con lo que Tuny es la mujer de la derecha, la de en medio es “Sin soya” y la de la izquierda es “Lo tuyo”. La mujer Tuny sabe de sabor, sabe de frescura y sabe lo que las otras no, sabe de calidad. Las dos primeras no escuchan, ella sí. Las dos primeras devoran, ella antoja.

La pesadez de los productos (latas de metal, bolsas grandes), los hermético del producto (bolsas cerradas) contrasta con algunas latas con sombreados en los bordes que dan la idea de estar abiertas, más los sobres parados en vertical pero, sobre todo, se equilibran con la triada de arriba, en azul y en blanco, lo que le da levedad a esas mujeres por sostenerse en cuerpos de cielo, de nube… etéreos, propio del mundo angélico aunque, al ser mujeres evidentes, por su pureza se convierten en una triada de ninfas: la del sabor, la de la frescura y la mejor de todas, la ninfa o el hada de la calidad: Tuny.

El efecto que crea el conjunto es de levedad, verticalidad suave, levitación; restando arraigo terrestre a los citadinos que lo vemos. Nuestro cerebro asiente a esta imposición publicitaria como si consumiéramos un fármaco que nos quita peso, nos quita preocupaciones; o al menos las vuelve ligeras, leves. Tuny entonces conoce de esa necesidad que tenemos por aligerar los lastres cotidianos o, al menos, la necesidad para que nuestra vida sea más llevadera. No es tanto que lo logremos al consumir atún sino que, consumir Tuny proporciona esa sensación de levedad. Es la promesa.

De los efectos más poderosos en el cine están las películas que logran llevarnos con éxito a momentos de vuelo, a la sensación de volar, a levitar como si fuéramos de aire o de nubes y no el cuerpo terrestre, arraigado a las leyes y exigencias tajantes de lo cotidiano.


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martes, 30 de diciembre de 2025

2026 - Carácter y energía del nuevo año

(La Rueda de Fortuna. Energía del año histórico 2026)

Javier Acosta Romero

Maestro e intérprete del Tarot de Marsella 

2026, en el Tarot de Marsella responde al arcano X, La Rueda de Fortuna, si hacemos la suma teosófica (2+0+2+6=10). Y en un ejercicio de conservar el valor de esta carta como carácter o energía dominante en el 2026, tendríamos que revisar el valor del VIIII, El Ermitaño, que representó de manera alegórica al 2025. 

El 2025 se enfocó particularmente en soltar todo aquello que dejó de ser de utilidad, las cuestiones de salud son un ejemplo de ello, sobre todo a nivel emocional; el poder imperial es otro ejemplo. Las enfermedades nos ayudan a desechar lo que se ha vuelto tóxico para nuestra alma y lo refleja en el cuerpo. Las cuestiones del poder imperial, con El Ermitaño, obligaron al poderoso a reconocer sus propios límites si no quería que su imperio cayera.

De manera personal estuve acompañando a El Ermitaño con cartas como El Papa, La Fuerza, El Sol, El Diablo y El Enamorado. Para este 2026 tendría que ocurrir algo parecido ya que el X, La Rueda de Fortuna desafía nuestra sensación de seguridad y bienestar con la fuerza de los imprevistos que obligan al cambio de fortuna. Sea a favor o en contra la diosa Fortuna muestra su verdadero ser, su verdadero rostro cuando menos se le espera. Depende de nosotros la manera de mirarla y con ello reconocerla o no. 

La misma carta X nos invita a aceptar el o los cambios de tal suerte que procuremos aprovechar su propia dinámica y carácter. Cualquier cosa que deseemos imponerle al cambio nos va a frustrar o dañar si no coincide o concilia con el carácter del cambio. La misma carta nos alerta sobre la naturaleza de los cambios: por fenómenos naturales o por acciones humanas intencionadas o accidentales. 

Existen en la baraja del tarot de Marsella, algunas cartas interesadas en conocer a la diosa Fortuna, por ejemplo: La Emperatriz y El Papa, ambos personajes están sentados, ella advierte la presencia de la diosa y él la reconoce muy seguro de con quién va a tratar. En tanto con mayor decisión El Loco y el arcano XIII, ambos personajes están de pie, viven la experiencia de la diosa Fortuna como si la encarnaran; el primero encaminado a partir de un propósito fijo; el segundo, más encarnado en la actitud ritual del canto, el baile y el festejo que nos permite desprendernos de nosotros mismos y del presente con sus reglas y leyes; el arcano XIII es la vitalidad primigenia que nos hace adorar el sentirnos vivos. 

No se trata como en el 2025, a lo que el cuerpo aguante sino permitirle al cuerpo en lo posible las mejores condiciones, aunque esas condiciones sean nuevas en nuestra vida.  Estar dispuestos al cambio, adaptarnos y eso sólo se logra viviendo en el presente. Varias cartas nos indican cómo hacerlo; con mayor claridad la carta VIII (por medio del control y el poder y, la carta XII (cambiar el punto de vista, ejercer la compasión). Otras cartas más implican interpretaciones (ya no actitudes) de lo que es vivir en el presente, como la carta XVIIII, El Sol, que destaca el trabajo en equipo, el trabajo comunitario, la solidaridad con los desfavorecidos; en tanto, la carta XV, El Diablo, concentra el presente en sus propias necesidades (su mirada bizca es famosa como indicio de alguien que ve la realidad como quiere que ésta sea y no como es). Otra carta ambigua con respecto a las maneras de vivir el presente es la carta XX, El Juicio, donde cuatro personajes se concentran en el instante del cambio (el final de los tiempos) donde el mundo celeste y el mundo humano convergen al fin; los muertos resucitan con el sonar de la trompeta del arcángel Gabriel; Eva se desencanta de Adán que se deja encantar por el mundo celestial; inevitablemente se volverá al origen primario: el Paraíso; la carta XX termina con los charlatanes afectivos y las charlatanerías tecnológicas ya que cualquier catástrofe acerca a la reconstrucción del Paraíso. Por supuesto esto es una interpretación a la que invita la carta XX en juego con la carta X, que es la energía del 2026.

Una forma más de experimentar con la carta X, con la energía del 2026, está en la tentación que se tiene frente a la maquinaria de la rueda de la diosa Fortuna: aprender a controlarla. Si observamos la carta se trata de una ingeniería imposible aunque significativa. Maquinaria al fin pero, ¿es posible controlar lo imposible? 

Pensemos por ejemplo en la mentada invasión a Venezuela; es más factible que ocurra este año, evidentemente; la diosa Fortuna puede sentirse de humor y rodar la rueda con todas las posibilidades por delante, como ocurre en Gaza o en Ucrania. La Rueda de Fortuna da rienda suelta a la tentadora trampa de intentar el control, incansablemente seguir con el juego infinito y autodestructor del control. Fortuna, en tanto, sólo sonríe, altera los planes, sorprende con lo inesperado, perjudica, beneficia, estorba. Baila con nosotros. 

Se observan más cuestiones a partir del X pero, por el momento, esto es suficiente. Que tengas un año revelador! 🎄


martes, 28 de octubre de 2025

Tarot: Caso número trece - Cuento - Javier Acosta Romero

 


Imagen 1609592216, Imagen
Cartas del tarot tipo Marsella, de izquierda a derecha: Siete de Oros,
El Mago, La Papisa y, Tres de Oros.


TAROT: CASO NÚMERO TRECE

Javier Acosta Romero 

usygly@gmail.com

La condición del misterio es femenino. Cuando no, es un asunto de espías entre dos gobiernos que se odian. Lo pienso solamente con ver la facha de mis recién ingresados y posibles clientes, dos jóvenes nada misteriosos, los granos en la cara los delatan.  

–Esperen ahí –les digo. 

Revuelvo el mazo del tarot que siempre utilizo para observar la peligrosidad de los casos que me llegan. 

Destapo dos cartas, una para él, otra para ella. 

Él está en Siete de oros, lo señalo. 

–Estás muy joven para que te salga un Siete de oros, ¿a qué te dedicas? 

–Queremos contratarlo –me contesta, valiéndole madres mi pregunta. 

Yo continúo. La segunda carta es El Mago, un arcano mayor, lo que me deja en claro quién manda y qué le interesa de ese Siete de oros. 

–¿Cuál es el asunto que los tiene por acá? –pregunto. 

–La mamá de mi novia. 

La novia, muy en su papel de enamorada, se repega al cuerpo del muchacho y enlazan sus manos. 

–Qué con la futura suegra –simplemente supongo. 

–Pues mire, sólo queremos que la siga esta semana. 

–Esperen… 

Saco una tercera carta. Ya que tengo la situación clara, es prudente acercar la lupa para estar al pendiente de los detalles que no se dejan ver, más allá de los granos de estos cuerpos lúbricos irremediables, lo cual tampoco es algo que sea necesario adivinar.

Otro arcano mayor, La Papisa; habla de una persona que no se deja ver, que no es fácil descubrirla y, por lo mismo, no será sencillo vigilarla. Por lo tanto, tengo la oportunidad de cobrar más caro. ¿En qué aplicaría ese futuro ingreso? Hay dos plataformas que me interesan: una de carreras de autos y, otra, de artes marciales mixtas. Pero con lo que voy a cobrar, hasta podría contratar algún canal con series para adultos. 

Mis labios sonríen con amplitud siniestra. 

–Y por qué quieren que la siga– Retorno al caso. 

Se tardan en contestar, se miran entre ellos esperando a decidir quién abrirá la boca. 

Yo me distraigo en la proyección de mi próximo futuro: echando raíces en el sillón de mi casa, tomando un merecido descanso de las cosas hediondas que ocurren en el mundo…

–Por qué quieren que la siga –insisto, reto a la joven con la mirada– Para qué seguir a tu mamá.

–Porque hicimos cuentas –dice al fin. 

–Sí, hicimos cuentas– El Siete de oros nunca soporta salirse de cualquier conversación. 

Ella continúa: 

–Es más barato si alguien de confianza nos avisa dónde anda mi mamá mientras nosotros estamos en la casa. 

–¿En tu casa? 

La extravagancia se respira. 

–Pero necesitamos, antes… –se adelanta el muchacho, saca un papel doblado que guardaba en el pecho, me lo pone en la mano, lo reviso. 

Es un texto mal redactado. 

–Necesitamos que nos firme este acuerdo de confidencialidad que mi primo me hizo, él es abogado; es para que usted no quiera ir de soplón ni vender esta información. 

Los observo con tono adulador.

–No conozco a la mamá… y no espero menos de alguien tan joven en Siete de oros.

Sus sonrisas deslizan un marcado… falso orgullo.

Buen momento para negociar. Pido una cifra absurdamente alta para que yo pueda firmar su pinchurriento acuerdo de confidencialidad. 

La muchacha se queja y me exige que cumpla con lo que digo en mi anuncio de investigador privado de Facebook. 

Aclaro que esa oferta no incluye una carta de confidencialidad “tan seria”. 

La muchacha baja la cifra a un nivel insultante y reviro para triplicar mi cuota. 

–Mejor nos vamos a un hotel –se indigna. 

–El hotel que quieran –le digo a ella–, nunca será como tu cama, tu baño y tus cosas. Soy un excelente vigilante. 

Se apartan para hacer de nuevo sus cuentas. 

Saco una cuarta carta para prever la firmeza de la oferta. 

Tres de oros. Me darán algo cercano a lo que espero, aunque voy a perder la confianza del novio. 

–Tenemos un trato –dice ella, con el novio detrás refunfuñando.

        Se desata un fingido entusiasmo. Le doy la mano a la chamaca y luego ellos se abrazan como si festejaran su cumpleaños. 

Hacen el primer depósito, el cincuenta por ciento de la cuota en una primera transferencia. Mientras, reparo de nuevo en la figura de La Papisa.

Mi sonrisa se congela unos segundos al observar las cuatro cartas como una sola situación. 

Sin querer se ha armado una escena.

La Papisa es una carta que sobre mira a su hija, como si la vida de la hija fuera la maldita teleserie de todos los días, de la que está al pendiente la señora de un modo compulsivo.

Suena un teléfono.

La novia observa la pantalla en su celular.

–Es tu mamá, ¿verdad? –le digo.

–Es ella, sí.

La hija le inventa que en la papelería de abajo hay mucha gente. Y yo estoy cierto que no tendrán oportunidad para estar a solas ni cinco minutos. Haré muy mal trabajo y aunque no les devuelva el depósito apenas me va alcanzar para una mugrosa plataforma. 

Le cuelga con furia a su mamá.

–¿Tienen elaborados ya algunos pretextos para justificar la presencia desnuda de… –checo el acuerdo –de Diego, en tu casa? Digo, por cualquier imprevisto. 

–Hemos pensado algunas cosas –dice ella– pero si también nos puede ayudar con eso, por favor…

Tan tierna, realmente cree que me preocupan. Tuerzo la boca y les digo:

–Espero que no se molesten si me la paso interrumpiéndolos en su gimnasia... 

–¡Mientras no le digas nada! –dice Diego, que a estas alturas ya me odia, aunque su enojo me sirve muy bien para peinarme la barriga un buen rato.

Regreso al caso, con mayor asertividad para que les quede claro y muy a mi pesar.

–Les estaré hablando cada tres minutos porque mamásuegra va estar regresando a casa por cualquier cosa. 

En mi mente ya le decía adiós a las carreras de la Fórmula Uno y a las peleas perturbadoras entre mujeres que pierden la piedad, convertidas en mercenarias atroces de su propio destino...

Pero la muchacha, haciendo uso de esa energía propia de El Mago, tocó levemente mi pecho, llamando mi atención con suavidad. 

–No tiene por qué preocuparse –Su sonrisa despertó en mí una especial ingravidez– Mi mamá sólo necesita que alguien la comprenda, aunque sea de fingido. 

Me fue acercando con prudencia la pantalla de su celular. 

Mis ojos se agrandaron como enormes platos. 

–¿Lo ve? –Me dice con ternura. 

       Yo veo lo que veo. Mis ojos y mi asombro no los puedo controlar.

       –Realmente no es una mujer tan fea ¿Verdad?

* * *


sábado, 27 de septiembre de 2025

TAROT - NUEVO MÉTODO

 

(Portada del libro Tarot - Nuevo Método -2024)


Javier Acosta Romero*



Esa necesidad humana por encontrar respuestas que orienten de manera segura nuestros esfuerzos, sea para amar, sea para gobernar, sea para ganar salud, sea para vencer al oponente siempre han existido. El más conocido recurso para lograrlo consistía en consultar el oráculo del dios Apolo, en el famoso templo de Delfos, en Grecia, hace dos mil ochocientos años.

Carrozas llenas de tesoros llegaban a Delfos, pero también la gente más humilde; todos tenían derecho a realizar su consulta ofrendando de manera proporcional: Generales que deseaban saber cómo ganar la guerra, campesinos que querían saber si se daría su cosecha o su ganado. Platicaban con la Pitia, la mujer encargada de profetizar y esperaban por varios días a que fuera un tiempo propicio para que el rito ocurriera con éxito. Llegado el momento, la Pitia entraba en trance y sus reacciones eran interpretadas por un sacerdote para esclarecer las respuestas del oráculo, haciendo que el mensaje fuera entendido por el consultante, a quien le esperaba un largo camino de regreso a casa si no vivía en las proximidades de Delfos.

Hoy en día, el trance profético y la interpretación del sacerdote se realizan en un sólo acto de consulta en un lapso de 3 a 40 minutos,  utilizando una novedosa tecnología icónica que no requiere de rituales mayores ni de acudir a templos lejanos. Hablamos del Tarot, cuya invención significó un salto tecnológico gigantesco ya que los consultantes pueden acceder con facilidad e inmediatez a las revelaciones proféticas. Sin embargo, acudir a consultar el tarot (una actualización del oráculo de Delfos) es una actividad con poco prestigio social y por ello se prefiere consultarlo a escondidas. El alto honor que significaba hablar con el dios Apolo ha quedado en el olvido por las maneras y costumbres científicas, propias del razonamiento lógico, apoyadas incluso por las limitaciones ortodoxas que imponen varias instituciones religiosas.

Al tarot se le acusa de pertenecer a las artes de la magia y la adivinación, entendiendo por magia la utilización de la energía oscura para manipular a capricho otra energía oscura. La magia trabaja con la oscuridad y con ello con la mentira, es decir, la magia (cualquiera) produce daños motivados por el egoísmo de las personas con poder, frente a los cuales otras personas con poder reaccionan de la misma manera: producen un daño mayor que rompa al primero. Eso es usar la magia. 

Cualquiera que utilice el tarot como un instrumento de oscuridad alimenta el egoísmo de las personas y las hace sentirse cómodas en la mentira. Pero no es la manera sana de usar el tarot ya que la tradición apolínea (la del dios Apolo) trabaja con la luz y con la verdad, energías que no necesitan alimentarse, sólo necesitan ser aceptadas por el consultante, a quien el tarot le descubre el potencial de su propia luz, proporcionándole mayor madurez y sabiduría.

Cada quien es libre de acercarse a las artes que prefiera (luminosas u oscuras), lo que debe evitarse es acercarse a las artes oscuras en la desesperación ya que el consultante está dispuesto a todo con tal de que sus males terminen y, eliminar un mal con otro mal sólo oculta al primero, lo vuelve imperceptible pero no lo elimina; al contrario, esa solución se convierte en una deuda porque a diferencia de la luz y la verdad, los daños y las mentiras suelen acumularse y podrirse, sin por ello eliminarse. Es importante descubrir la luz en la oscuridad, no aporrear a la oscuridad ni desmerecerla. Descubrir la luz (dar con la verdad) se sabe (los terapeutas lo saben) llega a ser doloroso, incómodo pero saludable. Y la salud le devuelve a las personas tranquilidad y alegría.

Ante estas dos posturas lo que se vuelve evidente es la actitud con que el consultante espera resultados, lo que revela otra problemática ya que, ante consultas concretas como lo puede ser un cambio de empleo, el tarot del siglo XXI mejor intencionado, luminoso, apolíneo le impone al consultante revelaciones existenciales y de trascendencia del alma, revelaciones que chocan con la necesidad laboral, terrena, humana, de quien busca una mejora material. Los enfoques terapéuticos no revelan soluciones mundanas. No es de extrañar entonces que el consultante prefiera hacer uso de la magia para obtener el empleo que desea o a la persona que desea o el poder que anhela, claro, con las deudas oscuras ya señaladas.

Sin embargo, con un enfoque humano, en busca de la verdad y no empecinados en la trascendencia espiritual sino en la luminosidad, el tarot revela verdades sobre cuestiones laborales, empresariales, juntas o entrevistas importantes, dudas emocionales, aspectos de nuestra salud o sobre cuestiones ordinarias como la elección de un veterinario para una mascota o la elección de un mecánico para arreglar un auto o la elección para realizar una compra, una venta... Esto es posible porque el tarot no es una entidad diferente a nosotros, no es un hado, ni una alma universal, el tarot revela un contacto profundo con el inconsciente del consultante, con la parte más sabia de nuestra alma y de nuestro corazón. 

El inconsciente nunca duerme, acumula información, la organiza a su manera y una consulta de tarot descubre en ese orden las prioridades de nuestra alma. Si a alguien no podemos traicionar ni engañar es a nosotros mismos –a nosotras mismas– o nos traicionamos aceptando las consecuencias oscuras. El tarot le da voz a esa entidad verdadera que vive en nuestro corazón y en nuestra consciencia, no para hacernos buenas personas sino para hacernos mejores personas. Las cartas del Tarot de Marsella, demuestran ser un excelentes vehículos para el alma, le despliega sus comandos (los arcanos), se nutre de estos, se sana a sí misma con sabiduría y resolución.

Podría decirse que es parecida a la mecánica luminosa de los milagros, la factibilidad de los mismos en la historia de la humanidad rebasa los límites científicos si recordamos los más conocidos por la cristología, como la resurrección de Lázaro, la multiplicación de los panes, la transformación del agua en vino en la boda de Canán; los milagros de los apóstoles y de religiosas y religiosos en el tiempo; las creaciones prodigiosas y profundas de los grandes artistas como Shakespeare, Ibsen, Brecht, Miller, Balzac, Zola, Hesse, Calderón de la Barca, Lorca, Sor Juana Inés, Rodolfo Usigli, Juan Rulfo, Fernando del Paso que, en diferentes épocas, nos descubren esa conexión con la luz y la verdad, que es como se obtiene sabiduría, madurez, tranquilidad, alegría, soluciones, sin necesidad de recurrir a la magia.

***

La experiencia que como intérprete del tarot he acumulado en los últimos veinte años, ha sido estudiando el tarot más antiguo y misterioso que existe, el Tarot de Marsella (S.XVII), en la versión más actualizada del mismo, que es la edición de 1997, de Alejandro Jodorowsky y Philippe Camoin, quienes se propusieron restaurar el Tarot de Marsella original, sin necesidad de cambiar la icónica de las cartas, como sí lo hicieron los hermetistas de la orden Golden Dawn, en 1909, con la publicación de su tarot Rider-Wait, que rompe con los valores de la tradición del tarot tipo Marsella.

Es un  asunto que en el fondo se vuelve cultural. Mi formación como dramaturgo y escritor literario, me hace reconocer la belleza y misterio de las imágenes restauradas del Tarot de Jodorowsky & Camoin (1997),  las cuales superan por mucho las ilustraciones del tarot Rider-Wait (1909). Y este misterio que revelan las imágenes del tarot de Marsella se confirma porque son pocos los tarotistas que lo interpretan, y son menos los que trabajamos con los 78 arcanos del mismo, por su complejidad operativa.

Mientras la visión de Jodorowsky niega la adivinación, la visión de Camoin la promueve y demuestra. Mientras Jodorowsky evita leer las cartas que se muestran al revés, Camoin les da sentido. Mientras Jodorowsky plantea el uso del mandala que él descubrió a partir de una dinámica esvástica, Camoin se establece en su mandala, el 3x7. Estar con uno o con otro es evidente que dificulta el uso de las cartas y obliga a los nuevos aprendices a resolver problemáticas interpretativas que no se sostienen en la práctica. Por ejemplo, los valores de las copas,  que en la  tradición expresan emociones pero que son comunes en situaciones políticas o en guerras. Otro caso, los valores de las espadas, que en la tradición expresan intelecto, pero en la práctica revelan relaciones sentimentales.

Es la práctica la que obliga al tarotista a actualizar los valores de las cartas, situación que me llevó a descubrir un nuevo mandala que organiza dentro de dos recuadros de 5x8, la totalidad de los arcanos del Tarot de Marsella, lo he llamado “El Juego de El Loco y El Mundo” y explico los pormenores del mismo, su funcionamiento, sus valores y posibilidades interpretativas y operativas en el libro Nuevo método: El juego de El Loco y El Mundo: Lee las 78 cartas del Tarot de Marsella (2024), libro que yo mismo distribuyo y utilizo en consultas y cursos. 

En las redes sociales tengo publicados videos donde demuestro el uso de este mandala (Dramaturgia y Tarot en TikTok o El Tarot de Javier en Instagram), con resultados que le dan vigencia y continuidad a esos esfuerzos humanos, sorprendentes, identificados con la energía luminosa de Apolo, y que continúa de manera evidente en la tradición milagrosa de la cristología, hasta llegar a nuestra época, donde se replica en lo posible con las terapias sistémicas, como la de Bert Hellinger. Dar con la verdad, encararla, aceptarla, incorporarla a nuestra vida nos pone en sintonía con nosotros mismos y con nuestro entorno inmediato. De ahí en adelante, sólo es dejarnos sorprender por la belleza del Mundo y la existencia. 

Para consultas individuales o tomar un curso conmigo, sea para aprender tarot o actualizarse en este Nuevo Método, den de alta mi número y manden su mensaje por WhatsApp al (52) 55 3164 4674.

¡Que tengas un día revelador!


*Javier Acosta Romero, es Licenciado en Literatura dramática y Teatro, y es Maestro en Letras mexicanas, ambas por la UNAM. Ejerció el periodismo cultural en El Financiero, como columnista especializado en crítica teatral. Tiene publicadas en el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT) de Argentina, cuatro obras que fueron finalistas en diversos concursos nacionales y que, en conjunto, tienen más de 50 mil descargas hasta el momento. Tiene publicado un libro de cuentos para trabajar en la secundaria y el bachillerato, La Tarde (Amazon. 2023). En sus tiempos libres se ha dedicado desde hace 20 años a estudiar e interpretar el Tarot de Marsella, aprendizaje que sistematiza en el libro “El juego de El Loco y El Mundo” (2024). Alimenta desde 2006 su blogspot: javieracostadramaturgo, con reseñas diversas sobre teatro, literatura, carteles publicitarios y tarot.


miércoles, 9 de julio de 2025

El Nuevo Diluvio - Javier Acosta

 


Unicornio Libro de Colorear: Enfriar libro para colorear con unicornio Dibujos de alta calidad Papel perforado

(Ilustración: Portada del libro Unicornio. Amazon. 2020)


–Variación creativa sobre el cuento 
Los unicornios, de Julio Torri–


Javier Acosta Romero
usygly@gmail.com


Para calibrar el juego de EL NUEVO DILUVIO, lo primero que se nos pide es especificar las cualidades de Noé: Inteligente; más sensible que inteligente; muy sensible o; francamente irresponsable.

Lo segundo que pide es, especificar el papel del creador. Es decir, si Dios va a estar guiando a Noé de manera mistérica o solamente se quedará en lo tradicional de anunciarle a Noé el día del diluvio y se manifestará en las magnitudes mismas del fenómeno, con truenos, relámpagos, maremotos, tormentas y huracanes que incluyen la destrucción de ciudades como Nueva York, Shangái o París.

Elijo un Noé francamente irresponsable; le agrego unos lentes oscuros que ocultan en algo la resaca que se le ha complicado en los últimos meses.

Selecciono que Dios sea mistérico, porque quiero ver cómo se las arregla con un franco irresponsable para cumplir de todas maneras con sus designios.

Objetivo del juego: buscar en las diferentes regiones del planeta a los animales míticos más extraordinarios: sirenas, grifos, dragones y, los más buscados, los unicornios. Porque nadie se quedará afuera del Arca de Noé, ni los animales tangibles ni los intangibles.

El juego empieza.

Vamos por los más valioso, los unicornios.

Noé cumple con su papel estúpido al usar de cebo a una de sus hijas. Pero Dios, magnífico como es, sensibiliza el olfato del unicornio para que esa hija le sea absolutamente irresistible, sin importar su apariencia.

Y así es, el muy menso cae en la trampa.

No fue difícil. Ni siquiera complicado.

Instruyo a Noé para que salga a buscar a los dragones más feroces en las estepas chinas; Noe cumple con su perfil de franco irresponsable y dirige sus pasos hacia los desiertos de Arabia pero, Dios, atento siempre, y misericordioso con los suyos, infunde en Noé un irresistible antojo de carne de dragón que lo guía de manera prodigiosa y sin contratiempos hacia los dragones más feroces, que son también los más apetitosos.

No lo puedo creer pero esa solución me lleva a observar con atención el mapa del arca, los enormes refrigeradores que no había advertido en la versión tradicional.

Nada especifica que los animales deban ser guardados –vivos– en el arca.

* * * 


Los unicornios, de Julio Torri.

Creer que todas las especies animales sobrevivieron al diluvio es una tesis que ningún naturalista serio sostiene ya. Muchas perecieron; la de los unicornios entre otras. Poseían un hermoso cuerno de marfil en la frente y se humillaban ante las doncellas.

Ahora bien, en el arca, triste es decirlo, no había una sola doncella. Las mujeres de Noé y de sus tres hijos estaban lejos de serlo. Así que el arca no debió de seducir grandemente al unicornio.

Además Noé no era un genio, y como tal, limitado y lleno de prejuicios. En lo mínimo se desveló por hacer llevadera la estancia de una especie elegante. Hay que imaginárnoslo como fue realmente: como un hombre de negocios de nuestros días: enérgico, grosero, con excelentes cualidades de carácter en detrimento de la sensibilidad y la inteligencia. ¿Qué significaban para él los unicornios?, ¿qué valen a los ojos del gerente de una factoría yanqui los amores de un poeta vagabundo? No poseía siquiera el patriarca esa curiosidad científica pura que sustituye a veces al sentido de la belleza.

Y el arca era bastante pequeña y encerraba un número crecidísimo de animales limpios e inmundos. El mal olor fue intolerable. Con su silencio a este respecto el Génesis revela una delicadeza que no se prodiga por cierto en otros pasajes del Pentateuco.

Los unicornios, antes que consentir en una turbia promiscuidad indispensable a la perpetuación de su especie, optaron por morir. Al igual que las sirenas, los grifos, y una variedad de dragones de cuya existencia nos conserva irrecusable testimonio la cerámica china, se negaron a entrar en el arca. Con gallardía prefirieron extinguirse. Sin aspavientos perecieron noblemente. Consagrémosles un minuto de silencio, ya que los modernos de nada respetable disponemos fuera de nuestro silencio.

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