Mostrando entradas con la etiqueta América. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta América. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de agosto de 2026

La Espiral del Peregrino - Reseña

Un poemario de América o la sombra de Femat ***

Javier Acosta Romero
usygly@gmail.com


Texto sumamente extraño comparado con los dos poemarios anteriores, de la misma autora, América Femat, que ya he reseñado: Los designios del agua (2022) e Insinuación del incendio (2025). La extrañeza ocurre por la combinación de elementos que antes Femat había separado: el agua y el fuego. En La espiral del peregrino (Ícaro Ediciones. 2026) ambos elementos conviven y agregan sensaciones de frío, criaturas como el tigre y la víbora; noches repletas de estrellas, honduras, oscuridad, humedad. Un mundo primario, una especie de pantano (y a ratos desierto) que se abre en paralelo al mundo urbano, a un siglo XXI que se agita en las cuestiones de género. Sin embargo, como poesía que es, no cede terreno a los ambientes sociales; al contrario, arranca del aire la naturaleza que ya no existe en los días cotidianos pero sí está (todavía) en la hondura de nuestra sensibilidad, una especie de alma (un cuerpo interior) que existe, que nos habita y que nos pertenece. 


En esta ocasión, América Femat sugiere mujeres espirales como sugiere hombres tigre. Sugiere el fuego como rostro y carne del tiempo así como mujeres-agua, lluvias peregrinas, abuelas transparentes, madres líquidas; rebeldías; satisfacciones; desencuentros. Lo de menos es la cuestión de género, lo que pesa es la duda, la incertidumbre, los golpes de realidad, la exploración poética que ocurre en los terrenos de la naturaleza, la escasa naturaleza que nos queda; esa inmaterialidad en la materialidad congénita que degradamos todos los días de manera industrial y digital. Esto se refuerza en los poemas con la multiplicidad de voces, comentarios al paso, diálogos, discursos que se bifurcan constantemente para darle a los poemas la oscuridad que necesitan, la luminosidad que incitan, la nocturnidad que anhelan; criaturas inevitables a que asentimos. 


En La espiral del peregrino, tuve la sensación de visitar la piel de una mujer, su cuerpo escrito, su ser que una y otra vez (entre las páginas) destierra la feminidad que sostiene el hambre de los tigres, y se indigna y se despierta en su naturaleza amplia, hecha de agua, tierra, fuego, luz, frío, noches estrelladas, memoria. Poemario extraño, que se aleja de una formalidad alquímica para agregar el hedonismo –que también es válido–, la rebeldía, la disonancia, la interrupción de ritmos,  la variedad de ángulos en la observación que se proyecta. Rompe las convenciones que le aseguren al lector aprobación y calma. Nos confronta ante el pleno metafísico que invariablemente exige tomar una postura. 


Pongamos de ejemplo La sombra y el equilibrista, donde la consciencia de una mujer parece ser la sombra y, el equilibrista, el hombre en la mujer o sobre la mujer; equilibrista al fin, requiere de una cuerda. Ella dice alegrarse porque no siente el frío del sudor seco en la piel (no es textual; Femat lo enuncia con poesía). Si no siente el frío... hay calidez, seguridad, tranquilidad. La mujer avanza en su autocomplacencia al tiempo que el equilibrista continúa en su delicado (sensible) ejercicio; aparece entonces el placer y la consciencia sombría de que ese placer existe en toda mujer, lo que sacude la realidad tangible del poema donde algo parece oponerse a esa idea. Pero en la sombra, esta libertad se redime en el acto, donde es evidente que el equilibrista hace su trabajo, continúa en dinámico equilibrio; hace que esa mujer confiese que a su gozo le puede llamar amor. Amor. Si con el placer ya hay conflicto, con el amor el asunto se empantana. La fuerza más maltratada por las sociedades humanas es el amor, que como fuerza de la naturaleza no necesita ser, le es suficiente con presentarse y esquivarnos incierta y entregarse, sin que nosotros tengamos la certeza de que eso sea el amor. 


El poema cierra en múltiples voces que magnifican y reconfiguran el ser de aquella mujer:


 “¡Cuánto me alegra no sentir el frío de esta mar salina! // La sombra es la extensión del cuerpo / y es la respiración oculta del árbol. // No muerdas la piel del árbol / yo me incendio / a mi voluntad y a mi hacinamiento. / , Otra vez, la vida y su torrente, / otra vez el amor ,, me conduce / con su máscara ,, de gozo (p. 29)”. 


No importa que este sea un poemario distinto. La poesía de América Femat, está ahí, con la bravura y arrojo que dio pie a objetos delicados como Los designios del agua (2022) o las combustiones de Insinuación del incendio (2025). La rebeldía creadora se agradece; es como asomarse al álbum de recuerdos, donde una lolita de las letras [La espiral del peregrino pertenecen al cumplimiento de una beca ejercida en el año 2017] se decantó sin fragilidad y con todo atrevimiento.



***Una versión anterior se publicó en el blog de la Editorial Cipselas el 24 de junio de 2026. Enlace a dicha versión.




viernes, 30 de mayo de 2025

Insinuación del incendio (2025) - América Femat

(Portada del poemario, editado por Burroughs Editorial, 2025)


Javier Acosta Romero

usygly@gmail.com


Instrucciones:

NOTA ACLARATORIA: Llama la atención que por titularse el poemario Insinuación del incendio, más de un enterado asegura que entonces es evidente que los poemas de éste libro no tratan con el fuego propiamente, sólo con sus insinuaciones, sin llegar al incendio (sic). Poemas que parecen incendios pero no lo son. Entonces, declaran muy augustos que no ocurre el fuego en el poemario que aquí se trata. ¡Caray! Creo que los peligros de la crítica más tradicional siguen arrastrándose en presentaciones del siglo XXI, porque además, los presentadores se atreven a hacer estas declaraciones frente a la autora, América Femat, más condescendiente que convencida porque asegura que los lectores tienen libertad para interpretar lo que quieran de cualquier poema ya que son textos que al publicarse dejan de pertenecerle al autor. De acuerdo. Pero en una presentación formal que busca que los lectores adquieran el libro, decir que el título está equivocado (y con ello seguramente también los rojos y anaranjados de la portada, que hacen alusión al fuego). Decir que no hay fuego cuando los textos manifiestan incendios, combustión y explosiones... es sentirse por encima de la autora, quien al parecer, entonces, no supo lo que escribió. Incluso le aseguran que sigue en el agua, en un poemario de hace tres años, como si el fuego no tuviera un comportamiento fluido. América Femat ya escribe poesía de altos vuelos. Además, quien no se dé cuenta que una presentación de libro es para promover la venta del mismo, no debería atreverse a dejarle tareas a la autora, muy seguros de lo que la autora es capaz de hacer. Pues bien, frente a eso, la presente reseña continúa apoyando lo que el poemario plantea: tratamientos del incendio, fenómeno propio de la combustión que desata el fuego al crecer, hasta convertirse en incendio. Sin fuego, los bomberos no acuden a apagar ningún incendio, que es la propagación del fuego. El título del libro no es insinuación del fuego. El poemario de Femat da cuenta de fuegos vivos, diversos, e insinúa las muchas maneras que tiene para descontrolarse. Esos descontroles son las insinuaciones, videncias de incendios, irremediables algunos, provocados los más.

FIN DE LA NOTA ACLARATORIA.

Vamos a las instrucciones:

1.-Tenga a la mano el poemario en cuestión.

2.-Si ya lo ha ojeado o leído, darse la oportunidad de leer de corrido el siguiente texto:


Conectar con Insinuación del incendio (Burroughs.2025), requirió desconectarme del anterior poemario de la autora, Los designios del agua (2022). Sé que cuando quiera puedo regresar a los poemas del agua pero, los tuve que hacer a un lado para mirar esta continuación del trabajo de América Femat; observar sus objetos, la manera como se sostienen y la manera como estallan en cada lectura.

Advierto que sostenerse y estallar son condiciones propias del fuego. Incluso creo que el fuego retrata mejor esta sensación de que, la vida, ya no da tiempo para cumplir con formalidades canónicas, sólo da tiempo para gritar o vibrar en términos más cuánticos. La dinámica cuántica –se descubre–, posee cualidades del fuego. Se vibra con los poemas de Insinuación del incendio (Femat. 2025), se siente la estridencia inacabada de lo que es sobrevivir en una ciudad: Lo que poco importa II (p 29). Me despreocupo de las formas y me alerto ante fenómenos llenos de incertidumbre: Los pájaros (pp 22-23).

Insinuación del incendio, se vuelve una verdad a explorar para apropiarme de ella hasta vivirla como una verdad que me permito reconocer como algo necesario: A un hombre que regala flores (pp 20-21). Ya no estamos para explorar territorios sino para expandirnos sin trasladarnos a otro universo: Aire (p 15).

Me resigno a las diferencias entre los dos poemarios de América Femat y me interno en el calor de la piedra del poema: Aromas II (p 56); o me permito sentir la flama de una hoguera en: Quién escribiría… (p53); o resisto la quemadura del ser encarnado, molecular-divino en: No es la razón (p49).

Cada lector decide el poemario que será su propio Camino de Santiago, porque la poesía bien escrita descubre el peso de las palabras al tiempo que su energía se acelera, ya por calor, ya por locura o por irreverencia, lo que hace posible sostenernos en los escalofrío de la fascinación de un pan recién horneado por algo parecido a un Dios, una especie de cupido que hizo de las suyas y escapó: A un panadero joven (p51).

El cuerpo de un lector, por costumbre puede dedicarse a levantar barreras para dedicarle tiempo y comprensión a una nueva lectura. Sin embargo, la poesía, en la situación que se ande conecta cual aguijón de abeja dispuesta a visitar la muerte, es el caso de: A través del ámbar de la tarde (pp 45-46), donde explota la luz a manera de ilusión y de respuesta, porque es preferible descubrirse en el interior iluminado de un ámbar, que saberse el combustible doloroso de un incendio fuera de control que acontece y nos aniquila. 

Nuestro cuerpo habla, construye sus barreras de comprensión, sus diques de gozo. Y esta vez el camino me pareció por varios días un camino de espinas con semanas de soledad, hasta permitirme notar soplos de vida en un elemento que goza con abusar del aire, que se enfebrece nutrido con la tierra y que disfruta un cuerpo que se ama cuando hace vapor del mar y de los ríos, sólo para mover el mundo como Sísifo su piedra, un día más. Fuego que amenaza en Insinuación del incendio (2025), con cada poema que contiene.

Juego, fuego, ardor, herida de algo que quiero al tiempo que lo incendio de la peor manera. Situación que en sí misma parece un acto placentero, muy al modo de un incendio real, sin darme tiempo a reconocer lo incorruptible, el tiempo de unas cuantas cenizas. Lenguas de fuego muertas, cargadas de nostalgia.


3.-Ahora sí, vaya leyendo más de una vez cada poema que se señala en los paréntesis. Y si es su deseo, puede cotejar lo que se intuye en esta reseña sobre el efecto estético indicado.


4.-No se resista.


(América Femat. //Tomado de la contraportada del poemario)



domingo, 7 de julio de 2024

Los designios del agua (2022) - América Femat


 Poemario: Los designios del agua (2022. BigBang Ediciones), de América Femat Viveros (México, 1984).

Escribí el 8 de julio de 2024 lo siguiente, de manera muy inocente; pero al final planteo una interpretación del mismo poema mucho más centrado:

CUERPO AL AGUA

Javier Acosta


Respiro hondo y me dejo elegir un poema como universo-muestra (fragmento) de esta especie de frontera líquida que es Los designios del agua, poemario espléndido de América Femat, ecosistema de asociaciones marinas donde títulos como Estaciones, Proeza, Migraciones, Mar espejo, Primer salto, son alimento para el ojo inquieto o para el alma errante. Ejemplo, Signo Espejo I-VI que dice [Nota irruptiva: Lamento el destrozo visual que haré del poema; recorrerlo página a página es otro deleite porque cuida las dimensiones del libro, los espacios entre versos, la tipografía y además, le acompañan dibujos alquímicos de cuerpos oceánicos y humanoides, de la artista Renatta Vega, que abre aún más los sentidos y senderos en la poesía de América Femat]: 


Signo Espejo

I: Todo la mar /    la cresta enlaza, / todo el mar /    la cresta vence. / Oda al mar/      –Él–    /   todo reclama.

II:  Parece disolverse; / justo ahí, donde los cuerpos arcillosos y grávidos / nacen acantilado / –filosa luz en furores– / quien la línea ecuatorial aduna, quiebra el espejo.

III: Bullicio de ausencia / –mi cristal– / lo pulo de recuerdos.

IV: Pez que atesoro / habita / en desmemoria / –símbolo atlántico sin mares–. / De vórtice henchido, su insistencia es caótica / –envés– todo sucede /      Desanudada boca del pez.  / Cúspide y declive, su anzuelo / encendido me atraviesa /      de los designios del agua.

V: Hoy advierto todo el astrolabio de su ceniza, / toda la herrumbre de los rostros enmohecidos. /           A este nuevo hemisferio del espejo, / también se le llama hogar.

VI: Quiero ir hacia la fuga / –línea horizontal y distante– / hacia el himen de la costa / –en duelo estoy– las astillas del mar reclaman /             sobrevivientes.


Revisemos el primer fragmento, Signo Espejo I: Todo la mar /    la cresta enlaza,/ todo el mar /    la cresta vence./ Oda al mar/      –Él–    /   todo reclama.

A oído de pájaro, se advierten situaciones como estas: “toda la mar” - “todo el mar” - “Oda al mar”; “la cresta enlaza” -”la cresta vence”; “todo” - “todo” - “Él” - “todo reclama”. Sólo por el sonido se percibe la inmensidad, la fuerza de ese mar que está en el espejo y que sólo puede ser el cuerpo del usuario/a del espejo. 

Veamos el segundo tiempo, Signo Espejo II:  Parece disolverse; / justo ahí, donde los cuerpos arcillosos y grávidos / nacen acantilado / –filosa luz en furores– / quien la línea ecuatorial aduna, quiebra el espejo.

Es como si el espejo hablara, al tiempo que el usuario escucha y su imagen se disuelve con esa exigencia sonora, “justo ahí, donde los cuerpos arcillosos y grávidos nacen”; para adentrarnos en el espejo, caernos, abismarnos: espejo - “acantilado”. Y la imagen poderosa del ecuador del usuario en punto intermedio entre su cuerpo y el reflejo: el cristal mismo.

Descubrir los secretos rítmicos, las situaciones dadas por las imágenes, los temas que apunta este poema, son cosas que es muy difícil guardarlas en secreto; uno siente la obligación de divulgarlo, de compartir lo que pocos poetas logran cuando se habla de arte o de intensidad en la lectura de un poemario. Revisemos el tercer momento. Signo Espejo III: Bullicio de ausencia / –mi cristal– / lo pulo de recuerdos.

Efectivamente, aparece el cristal porque el usuario toca el espejo. La manera como lo hace marca un recorrido de ausencias y nostalgia; y aquí nosotros aportamos los rasgos que se heredan, las marcas que se agregan. El tiempo transcurrido es evidente en un cuerpo físico, que puede ser agradable si estamos bien con nosotros mismos. Es la nostalgia del usuario del espejo quien vuelve evidente que algo falta, algo busca, algo requiere retener aunque sea como recuerdo. Limpia el cristal para encontrarlo.

Cuarto momento. Signo Espejo IV: Pez que atesoro / habita / en desmemoria / –símbolo atlántico sin mares–. / De vórtice henchido, su insistencia es caótica / –envés– todo sucede /      Desanudada boca del pez.  / Cúspide y declive, su anzuelo / encendido me atraviesa /      de los designios del agua.

Aquí se vuelve evidente un preciosismo del lenguaje con que la poeta plantea la frontera de cristal (el espejo); aquí lo hace con la palabra “–envés–”, pero en el fragmento III, lo hace con la frase “–mi cristal–”; y en el fragmento II es con la tipografía, en el verso “nacen acantilado”; “nacen” es el final de una idea (“justo ahí, donde los cuerpos arcillosos y grávidos / nacen”) y, “acantilado” es planteamiento de una nueva idea (“acantilado / –filosa luz en furores–”). El poema no solamente plantea un abstracto usuario del espejo, también se da tiempo de lograr una arquitectura de lenguaje que se puede ocupar, conocer, para observar el mismo fragmento y los que le rodean. 

El fragmento IV arroja un pez al usuario, la forma de ese pez está en la anchura y profundidad de su boca. Muerde el anzuelo y, por primera vez puede pensarse que el usuario sea femenino ya que la fuerza fálica del anzuelo fertiliza la boca de ese pez al arrojarle un golpe encendido que la atraviesa. Hay fuego en el agua, una especie de fuego griego que cierra con el verso que le da título al poemario: los designios del agua. Es un fragmento altamente erótico. La poeta es absoluta, no se guarda recursos, sostiene esa catástrofe existencial (o cataclismo) de quien se mira y se encuentra en ese espejo. 

Quinto segmento. Signo Espejo V: Hoy advierto todo el astrolabio de su ceniza, / toda la herrumbre de los rostros enmohecidos. /           A este nuevo hemisferio del espejo, / también se le llama hogar.

Se hace presente lo sombrío, una obligada toma de consciencia que matiza el horgasmo del fragmento anterior; descubre las cenizas, la realidad que se impone como es y la aceptamos. Un acto de aceptación de las cosas como son, llega a ser la actitud más prudente y menos dañina, muy a nuestro pesar.

Sexto y último fragmento. Signo Espejo VI: Quiero ir hacia la fuga / –línea horizontal y distante– / hacia el himen de la costa / –en duelo estoy– las astillas del mar reclaman /             sobrevivientes.

Y de la toma de conciencia, se adentra en la tradición antigua de la tragedia: el terror. Es en el terror que se desea lo imposible, lo absurdo: volver al estado virgen, infantil (el himen de la costa); un disparate, porque el dolor que se adquiere con la aceptación de las cosas como son, conlleva efectivamente un duelo, propio del mundo adulto, estado donde el dolor se asimila, se guarda, se ventila, se recuerda y se observa sin tregua en un espejo.

Termina el poema, una muestra de ese piélago de América Femat, Los designios del agua, nutrido de arte y de vida intensa. El mar con el dolor, el mar en la oscuridad, el mar a pesar del olvido. El mar como el cuerpo o los cuerpos. Con lo que sea que el mar signifique. Cual sea su género. Con este poemario vivo, de autora tan vital, se sobrelleva el mar. Salimos a la tierra.

ACTUALIZACIÓN, 8 de marzo de 2026: Me disculpo por la inocentada del espejo; hoy me es claro que todo el tiempo el poema citado plantea una relación de pareja basada en lo sexual, donde la imagen del espejo es la presencia del otro en una unión equivalente al fenómeno espejo. La lubricidad del mar y del pez más lo tempestuoso de estos elementos dan cuenta poética de lo que llega a ser la pasión de una relación basada en los encuentros sexuales que hacen del cuerpo el receptor sensible donde es difícil identificar al actante activo y al pasivo porque al final queda el cuerpo sensible, el ser sensible desprovisto de exigencias sociales, morales, políticas o egoístas. Queda la nostalgia como tal, la herida como tal, la muerte de una relación como tal, sin revanchismos. Sin género, lo que es una virtud creativa de un talento y un corazón lleno de sabiduría.