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martes, 5 de julio de 2022

POLLITO (2019): Texto teatral de Talia Yael (1989)


NIÑEZ Y FAMILIA A LA PALESTRA


Javier Acosta Romero

usygly@gmail.com


Acabo de dar lectura al texto teatral “Pollito” (2019), de la joven mexicana Talia Yael. Es un texto redondo, con el contenido necesario para que los ejecutantes se hagan bolas con el desafío de poner o no a una niña en escena, a una adolescente después (el texto sugiere a alguien de 13 años, luego a alguien de 15 años, luego a una núbil.) Se resuelva o no, Tania Yael, urge la presencia de la infancia en escena para mostrarla desde una oscuridad manoseada por adultos, específicamente los papás de Pollito, apelativo revelador ya que contiene el amor absoluto de un papá por su hija, para quien siempre será su pollito; en la historia, ella no está dispuesta a dejar de serlo, a pesar de la edad, del abandono absoluto del papá y de los propios intentos que realiza ella misma para dejar de ser Pollito.


(Portada del libro que contiene la obra Pollito. 2019)

La historia se convierte en un regurgitar que confirma a esta niña en una relación tóxica con su madre, celosas una de la otra por admiración al esposo/papá. No están dispuestas a dejar esa especie de competencia aún con la certeza de que estarán juntas bajo el mismo techo por muchos años. Lo cual esclarece el tipo de material que estamos leyendo, una insanidad muy naturalista, ecos de una sociedad que no está produciendo madurez o responsabilidad en sus ciudadanos ni está orientando a los padres ni a los hijos. Es una especie de comedia negra donde las cosas se ponen cada vez peor ya que la secuencia final apunta a que Pollito se disociará de la realidad, creyéndose no el cariño de papá sino el ave que alimenta a millones de seres humanos: Un pollo de pollería, real, listo para ser consumido.

No vi el estreno que se dió en el Centro Cultural Helénico, espero ir a la temporada que darán en la Sala Héctor Mendoza, en Coyoacán. Me preocupa que en un comunicado de la Secretaría de Cultura, se hable de una mancuerna creativa entre la dramaturga y la directora, pues distinguen como tema  de la puesta “el universo de lo femenino”, lo cual cambiaría el foco principal del texto dramático, que es: la familia, ya que hija y madre desean, anhelan, esperan la completud de esa familia con el regreso del padre/esposo. Efectivamente, Pollito va madurando físicamente, pero esa madurez es el detonante con el que choca constantemente el amor de hija, al que no renuncia y, por lo mismo, observamos cómo Pollito se deforma, negándose a sí misma. 

No es una obra optimista ni feliz. Es sumamente descarnada, sugiere un juego sexual entre Pollito y una de sus primas en una circunstancia donde está vulnerable emocionalmente, por completo desprotegida; lo mismo en otra escena donde se inicia sexualmente con un adolescente como ella que le da lo que esperaba de su papá ausente. Literal. El texto es crudo con el carácter de los personajes principales (madre e hija); señala, por ejemplo, que la madre se orina en un momento en que Pollito asume los cuidados de esta como si fuera la madre y no la hija. Con esa intimidad de hogar se cierran en lugar de abrirse al mundo, hasta quedar en la oscuridad, sin luz (Revienta la única bombilla que las iluminaba).

 No es el centro de la obra la feminidad, es algo que sobrepasa ese aspecto ya que Pollito no es un símbolo ni un concepto sino un carácter bien definido, realista, único. Es también un texto grotesco y veo, en las fotos del estreno en el Helénico, una estética refinada del Cuadro 6: “Pollito pastora”. Pero en el texto hay violencia, incluso se habla de sangre derramada: El abuelo de Pollito (Un fauno hermoso), toma para sí a la abuela (Una joven cabra); escénicamente tendrá que ser clara la violencia con que la toma hasta que se vuelve insoportable para Pollito, que defiende a la abuela, le planta cara al abuelo y rompe así con ese ciclo de madres jóvenes a manos de hombres que les doblan la edad, lo cual le permite estar mucho más al pendiente de su mamá; esto es, si bien rompe con la procreación, Pollito lo sustituye cuidando a su mamá, como si la mamá fuera su hija. Pollito, entonces, acentúa una problemática donde los padres dejan de ser padres y los hijos dejan de ser hijos, intercambiando con comodidad sus roles. Actualizan con ello la imagen de la familia, el concepto de madurez y de independencia que se está dejando de promover y de exigir quizás porque han dejado de ser creíbles o posibles para todos. 

Ya veremos la puesta en escena, a ver qué queda. En tanto, el texto está publicado en la colección Teatro de La Gruta XIX (Tierra Adentro. 2019), por haber ganado el Premio Nacional de Dramaturgia Joven “Gerardo Mancebo del Castillo” 2019; para quien guste picotear en sus páginas.


Fotografía tomada de la página del Centro Cultural Helénico (2022)

viernes, 29 de noviembre de 2019

"INSANIA": LA ESTÉTICA DE LA HUMILDAD

Javier Acosta Romero

Nunca había asistido tres veces a una misma puesta en escena. Lo hice con “Insania” (así se llama la obra) y realizarlo, sabía, me permitiría dar una valoración un poco más precisa de sus alcances. Esto fue en el Foro Contigo América, un lugar bastante agradable, cómodo y con espacio de estacionamiento desde las siete de la tarde. Asistí al estreno (muy emotivo, lleno de energía), regresé a mitad de temporada (la mejor integración del espectáculo) y al cierre también llegué (demasiada tensión en el ambiente, además, grabaron en video la puesta completa). ¡Qué rara obra! Pero muy agradable. El montaje es responsabilidad de Aleyda Gallardo (directora), fue ella quien decidió arrojarle al espectador un trabajo actoral resistente y exigente, sostenido por diversos diálogos frente a los cuales uno no sabe qué hacer; el espectáculo no nos obliga a seguir una historia, que de todos modos ocurre aunque en términos muy sencillos: Mariana, una mujer (que nunca vemos), después de padecer una crisis laboral que se complica con un aborto, regresa con el hombre con el que concibió para vivir con él aunque no lo ame, porque en su corazón está otro hombre perfectamente bien instalado. Pero reitero, nunca vemos a Mariana, a quien vemos en el escenario es a dos mujeres que parecen ser parte de esa primera mujer; no tienen nombre, no duermen y podemos decir que habitan en lo que se da en llamar la zona del subconsciente. Este par de entidades femeninas organizan situaciones donde nos enteran de Mariana de una manera crítica (o autocrítica), qué piensa, qué siente, qué ve, qué vive, qué recuerda y, al mismo tiempo, rompen con esas situaciones sin propósito aparente (eso el espectador lo puede resolver), y ya estamos entonces ante Dios (con mayúsculas) con su esposa (supongo que también debería ir con mayúscula), y en otro rompimiento intervienen las diosas Afrodita y Perséfone, luego irrumpen la legendaria Lilith y la olvidada Eva... Cromática de entidades que confirman el arduo trabajo actoral de Lita César y Sandra Galeano.

A cada momento brincan de un tono serio a otro cómico, de una situación real a otra muy ideal. ¡Todo un caos esa cabeza de Mariana! Y, sin embargo, como espectadores no podemos quejarnos porque a ese caos lo habita la belleza, empezando por la belleza física de las actrices, continuando con la belleza con que se escuchan (o se emiten) los diálogos y, si seguimos algunas situaciones, encontramos belleza en el discurso de la obra, en la sola emisión del texto (modestia aparte, original de quien esto escribe). Además, el gesto con que las actrices dialogan cubre un plan de ruta acompañado con la presencia de un muñeco tamaño natural (un objeto evidente pero inasible, despersonificado, que le permite ser cualquier cosa o cualquier persona, incluso ser la esencia misma de Mariana. ¡Una genialidad de la directora!) El escenario del Foro Contigo América, dispuesto en cámara negra, deja muy pocos objetos a la vista, entre ellos ese muñeco genial; siendo las actrices las que rescatan y construyen con tres sillas, una mesita, una cafetera, el muñeco especial, un par de zapatos altos, una minimaleta de maquillaje, una pequeña estola, un ceñidor, resignificándolos o deconstruyéndolos sin escapar de nuestra vista ni de nuestros oídos. Son la humildad de la belleza, la belleza sin pretensiones, natural, como cuando nos acabamos de bañar y sonreímos. Porque a la belleza, sin más, los mortales la adoramos y la seguimos. Sólo espero que haya una segunda temporada para que más gente la pueda apreciar.

usygly@gmail.com


*Anexo un enlace a la reseña de Eugenia Galeano, sobre esta misma obra.