Mostrando entradas con la etiqueta Teatro Julio Castillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teatro Julio Castillo. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de mayo de 2022

CALLE AMOR

Javier Acosta Romero
usygly@gmail.com


 En Calle Amor, queda muy claro que los actores-personajes le apostaron a la performática del amor romántico infantil como asunto detonador; queda claro que por sus propias vivencias y experiencias se les derrumbó o dinamitó esa fantasía para acceder a temas mucho más serios como el acoso, la precariedad del empleo, la sexualidad.

Visualmente es atractivo el espectáculo, con escenarios muy bien ambientados por la experimentada Sabina Aldana y su equipo creativo. Pero lo que comunica la escena es (metafóricamente) un grito, grito de alerta, un grito crítico, el grito social de la juventud que aprovecha al teatro Julio Castillo como espacio público y la presencia de quienes llegamos ahí pagando un boleto. Los actores tienen el micrófono (literal) y aprovechan para manifestar y señalar el abuso, el acoso sexual y emocional de sus profesores en la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBAL, entre otros asuntos. Pero en general señalan contrariados a quienes consideran que les sembraron y/o les destrozaron ese único propósito de encontrar y vivir por siempre en el amor romántico de su infancia.

         La propuesta, con dirección y dramaturgia de otra experimentada artista teatral, Laura Uribe, aprovecha la apertura ficcional de sus actores-personajes para insertar escenas dramáticas basadas en textos de uso escolar frecuente, como Fuente Ovejuna, de Lope de Vega, lo que le da rizoma al conjunto, que podría pasar como una parodia de los exámenes de graduación y no como el proyecto escolar performático que se cristalizó en la materia de Gestión y Producción, del profesor David Castillo en la ENAT, con el que obtuvieron el apoyo económico del estímulo fiscal de EFIARTES para la producción. Sea uno u otro motivo, se entiende el rompecabezas testimonial que le da voz a todos los actores participantes (catorce en total), se entiende y se acepta la disparidad en las actuaciones, los altibajos y contrastes en la realización de las coreografías en contra del patriarcado, la violencia de género y otros pendientes sociales importantes como los estereotipos en los medios de entretenimiento donde los actores-personajes centran sus esfuerzos laborales inútilmente. Uribe prioriza deliberadamente el discurso, la necesidad de los actores por manifestarse como jóvenes de una generación que mira su presente como una maquinaria de mentiras e injusticias.

         El efecto de la obra cala hondo si no se tiene una postura congruente sobre los temas expuestos, porque entonces el espectáculo de Calle Amor cataliza de manera excelente las ansiedades del público relacionadas con el desamor, el desempleo, el abuso sexual, la traición, el racismo… El espectáculo responde no solamente con testimonios y reflexiones, deconstruye fragmentos de películas, realiza composiciones corporales a manera de contrapunto con el discurso, remata con gestualidad liberadora en un último escenario muy bien organizado como ambiente suburbano, al que le suman música electrónica y lluvia de espuma.

         Calle Amor es de carácter juvenil y festivo, exprime y purga a los actores-personajes hasta la última gota de insatisfacción social y emocional para no arruinar el final y que sucedan los aplausos (que se dan), los gritos desaforados de algunos presentes (fui a la función del viernes 13 de mayo, ocurrieron) y las ovaciones de pie de muchos, empáticos con los actores-personajes.

         Aún quedan varias semanas para entrar en ese vientre de calles y callejones del desamparo y desamor en el Teatro Julio Castillo. Y esperemos prolonguen su temporada todavía más.

 ***

 Créditos de Calle Amor:

Idea original: TRESCÉNICA

Dramaturgia y dirección: Laura Uribe

Actores: Ángel Abad, Frida Aranza, Eduardo Arriola, Atenas Cobos, Mario González-Solís, Elizabeth Guajardo, Aurelio Gutiérrez, Erudi Minero, Manuel Mompala, Miguel Ángel Pérez, Aline Reyes Estrella, Rodrigo Virago, Juan Pablo Zavala y Erandi Zenil.

Dirección de arte: Sabina Aldana / Diseño de escenografía y vestuario: Mauricio Ascencio /· Diseño de iluminación: Tenzing Ortega /· Diseño de movimiento: Mauricio Rico ·/ Diseño sonoro: Homero Guerrero /· Diseño de multimedia: Yoatzin Balbuena ·/ Asistente de dirección: Ximena Restrepo ·/ Diseño de cartel, gráfico y fotografía: Héctor Ortega /· Difusión y prensa: Ramsés López y Arturo Piedras (Pinpoint) /· Redes sociales: Luis Peña (Pinpoint) ·/ Video y spot: Coizta Grecko /· Productora ejecutiva: Paulina Montiel /· Supervisión de producción: Marco Guevara /· Gerencia de producción: Alberto Robinson · Contabilidad y auditoría: Jacobo Pineda y José Gutiérrez Vivar /· Diseño de producción y coordinación general: David Castillo /· Concepto en colaboración con: L.A.S [Laboratorio de Artistas Sostenibles] /· Producción general: 25 producción y Cheket A.C.

domingo, 22 de mayo de 2016

Shakespeare Diluido

(Aspecto de la obra. Tomada de gob.mx/cultura, septiembre 5 de 2015)

Javier Acosta Romero
usygly@gmail.com

Presencié la puesta en escena del texto Enrique IV (primera parte), allá en el aún teatro Julio Castillo. Estaba ahí mientras la puesta me hacía pensar que el teatro no está obligado a ser siempre arte, o que todo sea arte (como lo es el texto de Shakespeare en el que se basa la puesta). Igualmente, actuar no es un arte, es una profesión que puede llegar a tener momentos altamente artísticos. Pero, ¿lo intentan en Enrique IV-1? No, no lo creo.
    La Compañía Nacional de Teatro no sólo produce arte, promueve el teatro, hace teatro y en esta ocasión eligió el planteamientos escénicos del director Hugo Arrevillaga, quien le proporciona al texto de Shakespeare, un puñado de actores a los que, a su vez, les proporciona un puñado de utilería y vestuario y... una serie de obstáculos y quehaceres que los circunscribe a una manera de decir sus parlamentos... Dando la sensación que el actor goza de libertad (por encima del texto), al grado que uno como espectador ya no sabe a dónde mirar, en un escenario que es realmente pequeño; no es un campo de futbol... es el Julio Castillo... tratado como salón de ensayos...
    ¿Atractivo? Los espectadores escuchan un texto al que se le propone una corporalidad que no logra la creación de personajes ya que la mayoría (el actor que emite al rey, por ejemplo) hace otro carácter, completamente alejado del rey pero reconocible como actor... Y emite en escena no solamente el texto sino otros sonidos y movimientos que acompañan los otros sonidos y movimientos extras de sus compañeros actores... ¿No es eso hacerle al teatro? 
     En los primeros minutos, esta puesta en escena se convierte en espectáculo. En Enrique IV-1 lo que resalta es el juego actoral, por encima del texto, con técnicas que no requieren de un teatro sino de una plaza, al estilo del teatro callejero, que es como (efectivamente) se concibió en su estreno en 2012 en el Zócalo (donde no estuve). Qué tanto es Shakespeare si los actores le ganan el mandado, la emisión es burda, atonal, alejada del valor artístico de Shakespeare.
    Esto a los jóvenes espectadores les gustó; hasta aplaudieron de pie... porque los actores fueron chistosos... ocurrentes... entretenidos. Pero es un error mantener el título de la obra de Shakespeare. Sería un acierto preparar al espectador para la revuelta de actores permitida, atomizada, festejada; a los que les queda chico el escenario del Teatro Julio Castillo. Y qué bueno pero, avisen. Vendrían más jóvenes y no sólo los estudiantes de teatro.
    Ni como teatro escolar cumple; la historia de Enrique IV-1 fue clara pero el tema o un tema... No. Aunque recuerdo un momento y sólo porque el juego actoral planteaba que la emisión del texto fuera dirigida a los espectadores como interlocutores directos: el actor emitía a Falstaff sobre lo absurdo de perder la vida en una guerra, pero habrá durado cinco minutos; el espectáculo completo dura más de dos horas.
    Lo que este Enrique IV-1 deja ver es algo demasiado simple como para recomendarlo. Ir al teatro en la Ciudad de México requiere para el espectador destinar una gran cantidad de tiempo como para que en el escenario no encuentre la densidad en los caracteres y la riqueza en atmósferas evocadoras, propias de Shakespeare.