martes, 5 de julio de 2022

POLLITO (2019): Texto teatral de Talia Yael (1989)


NIÑEZ Y FAMILIA A LA PALESTRA


Javier Acosta Romero

usygly@gmail.com


Acabo de dar lectura al texto teatral “Pollito” (2019), de la joven mexicana Talia Yael. Es un texto redondo, con el contenido necesario para que los ejecutantes se hagan bolas con el desafío de poner o no a una niña en escena, a una adolescente después (el texto sugiere a alguien de 13 años, luego a alguien de 15 años, luego a una núbil.) Se resuelva o no, Tania Yael, urge la presencia de la infancia en escena para mostrarla desde una oscuridad manoseada por adultos, específicamente los papás de Pollito, apelativo revelador ya que contiene el amor absoluto de un papá por su hija, para quien siempre será su pollito; en la historia, ella no está dispuesta a dejar de serlo, a pesar de la edad, del abandono absoluto del papá y de los propios intentos que realiza ella misma para dejar de ser Pollito.


(Portada del libro que contiene la obra Pollito. 2019)

La historia se convierte en un regurgitar que confirma a esta niña en una relación tóxica con su madre, celosas una de la otra por admiración al esposo/papá. No están dispuestas a dejar esa especie de competencia aún con la certeza de que estarán juntas bajo el mismo techo por muchos años. Lo cual esclarece el tipo de material que estamos leyendo, una insanidad muy naturalista, ecos de una sociedad que no está produciendo madurez o responsabilidad en sus ciudadanos ni está orientando a los padres ni a los hijos. Es una especie de comedia negra donde las cosas se ponen cada vez peor ya que la secuencia final apunta a que Pollito se disociará de la realidad, creyéndose no el cariño de papá sino el ave que alimenta a millones de seres humanos: Un pollo de pollería, real, listo para ser consumido.

No vi el estreno que se dió en el Centro Cultural Helénico, espero ir a la temporada que darán en la Sala Héctor Mendoza, en Coyoacán. Me preocupa que en un comunicado de la Secretaría de Cultura, se hable de una mancuerna creativa entre la dramaturga y la directora, pues distinguen como tema  de la puesta “el universo de lo femenino”, lo cual cambiaría el foco principal del texto dramático, que es: la familia, ya que hija y madre desean, anhelan, esperan la completud de esa familia con el regreso del padre/esposo. Efectivamente, Pollito va madurando físicamente, pero esa madurez es el detonante con el que choca constantemente el amor de hija, al que no renuncia y, por lo mismo, observamos cómo Pollito se deforma, negándose a sí misma. 

No es una obra optimista ni feliz. Es sumamente descarnada, sugiere un juego sexual entre Pollito y una de sus primas en una circunstancia donde está vulnerable emocionalmente, por completo desprotegida; lo mismo en otra escena donde se inicia sexualmente con un adolescente como ella que le da lo que esperaba de su papá ausente. Literal. El texto es crudo con el carácter de los personajes principales (madre e hija); señala, por ejemplo, que la madre se orina en un momento en que Pollito asume los cuidados de esta como si fuera la madre y no la hija. Con esa intimidad de hogar se cierran en lugar de abrirse al mundo, hasta quedar en la oscuridad, sin luz (Revienta la única bombilla que las iluminaba).

 No es el centro de la obra la feminidad, es algo que sobrepasa ese aspecto ya que Pollito no es un símbolo ni un concepto sino un carácter bien definido, realista, único. Es también un texto grotesco y veo, en las fotos del estreno en el Helénico, una estética refinada del Cuadro 6: “Pollito pastora”. Pero en el texto hay violencia, incluso se habla de sangre derramada: El abuelo de Pollito (Un fauno hermoso), toma para sí a la abuela (Una joven cabra); escénicamente tendrá que ser clara la violencia con que la toma hasta que se vuelve insoportable para Pollito, que defiende a la abuela, le planta cara al abuelo y rompe así con ese ciclo de madres jóvenes a manos de hombres que les doblan la edad, lo cual le permite estar mucho más al pendiente de su mamá; esto es, si bien rompe con la procreación, Pollito lo sustituye cuidando a su mamá, como si la mamá fuera su hija. Pollito, entonces, acentúa una problemática donde los padres dejan de ser padres y los hijos dejan de ser hijos, intercambiando con comodidad sus roles. Actualizan con ello la imagen de la familia, el concepto de madurez y de independencia que se está dejando de promover y de exigir quizás porque han dejado de ser creíbles o posibles para todos. 

Ya veremos la puesta en escena, a ver qué queda. En tanto, el texto está publicado en la colección Teatro de La Gruta XIX (Tierra Adentro. 2019), por haber ganado el Premio Nacional de Dramaturgia Joven “Gerardo Mancebo del Castillo” 2019; para quien guste picotear en sus páginas.


Fotografía tomada de la página del Centro Cultural Helénico (2022)

jueves, 30 de junio de 2022

“LOW COST”: EL OSO EN ESCENA

Imagen tomada de TeratroUNAM

Javier Acosta Romero 

usygly@gmail.con

Low Cost es un espectáculo que tiene toda la facha de ser un performance. Frente a un performance el espectador siempre está en desventaja, requiere de información para digerir lo que presencia. Regularmente los performance crean (no usan, crean) símbolos, alegorías, de tal manera que frente a la extrañeza el espectador duda, se desorienta y busca información que lo apoye. Cuando entendemos el propósito de Low Cost como performance, todo cambia, así que lo conveniente es entrar a este espectáculo tomando en cuenta la información previa sobre el montaje mismo y sobre la dramaturgia escénica. Dejo aquí unos enlaces que considero necesarios para ello, seguramente faltan más:

https://www.sabinaaldana.com/lowcost

https://laurauribeartesvivas.wixsite.com/site/low-cost

https://teatrounam.com.mx/teatro/entradasteatro/low-cost/

https://www.ifema.es/noticias/negocio/low-cost-que-significa

https://www.fernandatapia.com/las-planas/low-cost-paisaje-escenico-sobre-la-crisis-climatica-una-calurosa-experiencia-multisensorial-y-reflexiva/

https://descubreenmexico.com/low-cost-invita-a-reflexionar-sobre-la-crisis-climatica/

Previamente había visto un espectáculo de las autoras, Laura Uribe y Sabina Aldana, Calle Amor (2022); donde el mayor atractivo fue el trabajo de Aldana (Ahí le llamaron “dirección de arte”; quizá en todo caso lo que hace Uribe en Low Cost sea eso.) construyendo ambientes y logrando atmósferas, en un discurso paralelo a la verborrea predominante (significativa pero no determinante para la evolución del espectáculo; ¡wow!, como en Low Cost), fue un recorrido estilístico de escenografías, partiendo de un realismo burgués de finales del XIX hasta llegar a un urbanismo minimalista de finales del XX. Visualmente entretenida; pero eso fue Calle Amor.

Low Cost (2019), repuesta por la UNAM en este 2022, parecía una buena ocasión para demostrar una efectividad teatral significativa, y no dudo que lo puedan hacer, sin embargo, esa cosa de permitirse ser intervenidos (yo diría condicionados) por su política de creación, refrena el potencial artístico ya que siempre andan negociando sus creaciones, en este caso, con una especialista que al parecer se encargó de censar los contenidos: Alice Poma, doctora en Ciencias Sociales. Ya me imagino a Brecht creando colectivamente  Galileo Galilei con astrónomos, historiadores y con el clero. Lo que lleva de nueva cuenta a cuestionar la función del arte. Porque así como un director de arte es capaz de sostener un espectáculo como Calle Amor, también es capaz de hacer un buen comercial para Coca-Cola. Low Cost es un manojo de recursos escénicos al servicio de un discurso que se alimenta de divulgación científica. En algún espacio de Universum (Museo de las Ciencias de la UNAM) estaría perfecto y sin necesidad de fijar a los espectadores en una butaca, porque para mantenerlo en una butaca le falta un factor fundamental que dinamice (humanice) la verborrea científica y proplaneta (Como si realmente al planeta le importara) del espectáculo; tradicionalmente uno diría que falta la construcción de personajes (ahí el talento de un dramaturgo), pero por tratarse de un texto de divulgación sobre la plataforma de un performance, faltaría demostrar, no mostrar, demostrar una tesis polémica (polémica, no moralmente correcta). No la tiene. Porque si la tuviera sería algo que el cuerpo recordaría (Lo malo de los performance es que les da una pereza gigante explicar y por eso las explicaciones las dejan en los programas de mano, en entrevistas, en fichas técnicas, audios, videos…) Eso sí, les encanta ser declarativos, siempre tienen cosa que decir, qué mostrar, a su manera.

Sin embargo, en Low Cost se puede observar un hallazgo al que Uribe y Aldana le dieron visto bueno, al menos desde el estreno que ocurrió en 2019. La escena (iba a escribir “cuadro”) del oso polar y su inminente extinción (eliminación, supresión, liquidación, se fini oso polar, de la faz de la tierra, como miles de personas y cientos de miles cuando realmente ya no haya osos). Cualquier corazón de piedra se reblandece con ese drama, bien caracterizado por Antonio Salinas. Crea expectativa, crea emoción. Dramáticamente hubiéramos esperado que el oso hablara, dijera algo (se juega con esa tensión), pero se conserva en su carácter animal; luego el actor entra en crisis interpretativa (Lo cual es genial), muestra el artificio y uno sabe que la belleza de la naturaleza acabará a manos de la acción humana a pesar de los cuidados que existan. Aquí me detengo porque en el programa se señala que esa escena tiene como base una obra del mismo Antonio Salinas [La fiebre del Oso Polar], e incluso se señala una cocreación de pieza vocal para el oso, con la actriz Carmen Mastache. Honor a quien honor merece. Los otros cuadros (iba a poner capítulos) no producen nada, considero se encuentran por debajo del nivel de lo montado en Calle Amor (2022), sobre todo porque hay tema-dato en frío pero no situaciones, como en Calle Amor, donde sí se caracterizan personalidades y sus situaciones ¿O será cuestión de presupuesto? Por un lado dineros de EFIARTES, y por el otro… Se señala en el programa que la producción es de Conacyt (2019). Entrañable y muy necesaria la intervención del oso en Low Cost.

Si los espectadores se organizaran, sería prudente que desde las butacas corearan ¡Oso-oso!, para presionar a que presenten directamente la escena del oso polar. Y terminada su intervención volver a gritar ¡Oso-oso! para disfrutarlo de nuevo. Aplaudir e irnos.

Desgraciadamente termina su temporada este domingo 3 de julio, en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, de la UNAM, pero esperemos pueda continuar en otros espacios.



Ficha técnica, según el programa de mano de la UNAM: 

Elenco

Antonio Salinas – Actor protagónico

José Miguel Mondragón Núñez – Bailarín- figurante 1

Vladimir Iván Grajales Meave – Asistente técnico – figurante 2

Daniela Plaza Gómez – Asistente de dirección y figurante 3

Eduardo Arriola Núñez – Asistente Técnico – figurante 4

Dirección y dramaturgia: Laura Uribe*

Dirección de arte, escenografía, utilería y vestuario: Sabina Aldana

Concepto: Laura Uribe y Sabina Aldana | L.A.S [Laboratorio de Artistas Sostenibles]

Producción ejecutiva: Ginna Narváez Rubio

Productor residente Teatro UNAM: Joaquín Herrera

Video Arte y dispositivo multimedia: Héctor Cruz

Diseño de iluminación: Tenzing Ortega

Diseño sonoro: Homero Guerrero

Asistente de vestuario: Andrea Larios Padilla

Asesoría en investigación científica: Alice Poma

Traducción al náhuatl: Raúl Hernández Lara

Diseño de botarga de oso polar: Mauricio Ascencio

Cocreación de pieza vocal de oso polar: Carmen Mastache y Antonio Salinas (Parte de la obra La Fiebre del Oso Polar de Antonio Salinas)

Producción general: L.A.S. [Laboratorio de Artistas Sostenibles]

Voces en off: Ing. Luis Rodríguez Terán, César Cavildo, Claudia Bernardi, Gala Gutiérrez, Sabina Aldana, Homero Guerrero, Antonio Salinas y Laura Uribe.

Este proyecto (297992) de la Convocatoria para Proyectos de Apropiación Social del Conocimiento de las Humanidades, Ciencias y Tecnologías 2019 fue apoyado por el Conacyt.

*Beneficiaria del Programa Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) 2022-2024, del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC)


martes, 17 de mayo de 2022

CALLE AMOR

Javier Acosta Romero
usygly@gmail.com


 En Calle Amor, queda muy claro que los actores-personajes le apostaron a la performática del amor romántico infantil como asunto detonador; queda claro que por sus propias vivencias y experiencias se les derrumbó o dinamitó esa fantasía para acceder a temas mucho más serios como el acoso, la precariedad del empleo, la sexualidad.

Visualmente es atractivo el espectáculo, con escenarios muy bien ambientados por la experimentada Sabina Aldana y su equipo creativo. Pero lo que comunica la escena es (metafóricamente) un grito, grito de alerta, un grito crítico, el grito social de la juventud que aprovecha al teatro Julio Castillo como espacio público y la presencia de quienes llegamos ahí pagando un boleto. Los actores tienen el micrófono (literal) y aprovechan para manifestar y señalar el abuso, el acoso sexual y emocional de sus profesores en la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBAL, entre otros asuntos. Pero en general señalan contrariados a quienes consideran que les sembraron y/o les destrozaron ese único propósito de encontrar y vivir por siempre en el amor romántico de su infancia.

         La propuesta, con dirección y dramaturgia de otra experimentada artista teatral, Laura Uribe, aprovecha la apertura ficcional de sus actores-personajes para insertar escenas dramáticas basadas en textos de uso escolar frecuente, como Fuente Ovejuna, de Lope de Vega, lo que le da rizoma al conjunto, que podría pasar como una parodia de los exámenes de graduación y no como el proyecto escolar performático que se cristalizó en la materia de Gestión y Producción, del profesor David Castillo en la ENAT, con el que obtuvieron el apoyo económico del estímulo fiscal de EFIARTES para la producción. Sea uno u otro motivo, se entiende el rompecabezas testimonial que le da voz a todos los actores participantes (catorce en total), se entiende y se acepta la disparidad en las actuaciones, los altibajos y contrastes en la realización de las coreografías en contra del patriarcado, la violencia de género y otros pendientes sociales importantes como los estereotipos en los medios de entretenimiento donde los actores-personajes centran sus esfuerzos laborales inútilmente. Uribe prioriza deliberadamente el discurso, la necesidad de los actores por manifestarse como jóvenes de una generación que mira su presente como una maquinaria de mentiras e injusticias.

         El efecto de la obra cala hondo si no se tiene una postura congruente sobre los temas expuestos, porque entonces el espectáculo de Calle Amor cataliza de manera excelente las ansiedades del público relacionadas con el desamor, el desempleo, el abuso sexual, la traición, el racismo… El espectáculo responde no solamente con testimonios y reflexiones, deconstruye fragmentos de películas, realiza composiciones corporales a manera de contrapunto con el discurso, remata con gestualidad liberadora en un último escenario muy bien organizado como ambiente suburbano, al que le suman música electrónica y lluvia de espuma.

         Calle Amor es de carácter juvenil y festivo, exprime y purga a los actores-personajes hasta la última gota de insatisfacción social y emocional para no arruinar el final y que sucedan los aplausos (que se dan), los gritos desaforados de algunos presentes (fui a la función del viernes 13 de mayo, ocurrieron) y las ovaciones de pie de muchos, empáticos con los actores-personajes.

         Aún quedan varias semanas para entrar en ese vientre de calles y callejones del desamparo y desamor en el Teatro Julio Castillo. Y esperemos prolonguen su temporada todavía más.

 ***

 Créditos de Calle Amor:

Idea original: TRESCÉNICA

Dramaturgia y dirección: Laura Uribe

Actores: Ángel Abad, Frida Aranza, Eduardo Arriola, Atenas Cobos, Mario González-Solís, Elizabeth Guajardo, Aurelio Gutiérrez, Erudi Minero, Manuel Mompala, Miguel Ángel Pérez, Aline Reyes Estrella, Rodrigo Virago, Juan Pablo Zavala y Erandi Zenil.

Dirección de arte: Sabina Aldana / Diseño de escenografía y vestuario: Mauricio Ascencio /· Diseño de iluminación: Tenzing Ortega /· Diseño de movimiento: Mauricio Rico ·/ Diseño sonoro: Homero Guerrero /· Diseño de multimedia: Yoatzin Balbuena ·/ Asistente de dirección: Ximena Restrepo ·/ Diseño de cartel, gráfico y fotografía: Héctor Ortega /· Difusión y prensa: Ramsés López y Arturo Piedras (Pinpoint) /· Redes sociales: Luis Peña (Pinpoint) ·/ Video y spot: Coizta Grecko /· Productora ejecutiva: Paulina Montiel /· Supervisión de producción: Marco Guevara /· Gerencia de producción: Alberto Robinson · Contabilidad y auditoría: Jacobo Pineda y José Gutiérrez Vivar /· Diseño de producción y coordinación general: David Castillo /· Concepto en colaboración con: L.A.S [Laboratorio de Artistas Sostenibles] /· Producción general: 25 producción y Cheket A.C.

miércoles, 23 de marzo de 2022

ARTHUR MILLER


Miller con los actores de After the fall (1964) Barbara Loden, como Maggie y, Jason Robart Jr como Quentin; además del director Elia Kazan.


Javier Acosta Romero

usygly@gmail.com 


Los libros son como las personas con que hacemos conversación; secretamente los atraemos o descubrimos con los días el por qué era necesario encontrarlos. Muy activo inicié la lectura del libro Arthur Miller: Teatro reunido (Tusquets. 2015), que incluye los textos “Todos eran mis hijos” (1947), “Muerte de un viajante” (1949), “Las brujas de Salem” (1952), “Panorama desde el puente” (1955) y, “Después de la caída” (1964). Las tres primeras obras fueron muy disfrutables. Pero las últimas dos, tuve que demorar su lectura porque el tiempo no me daba para leerlas de corrido.

    Pasaron dos meses para que pudiera leerlas. Y al hacerlo descubrí que en esos dos meses me estuve preparando (sin saberlo) para digerir su propuesta que, de otra manera, hubiera pasado desapercibida. Dejo aquí, a grandes rasgos, lo observado:  

    Salvada la rutina de leer los textos dramáticos en función de su propuesta escénica (constantemente el ritmo del texto se ve intervenido por las directrices que pide el dramaturgo) se puede sentir la intensidad y capacidad dramáticas, la apabullante majestuosidad de los escenarios y, la complejidad que se requiere para ponerlos en escena en México. Son textos que requieren de grandes producciones hoy impensables para nuestro país. Y si fueran impulsadas por empresarios particulares, el riesgo asumido sería mayúsculo ya que, los planteamientos de Miller no son digestivos ni agradables ni comerciales; desbordan humanidad, eso sí; aterrizan constantemente en asuntos sumamente serios, como lo son las relaciones entre padres e hijos, las relaciones en un matrimonios o con la pareja sentimental, las relaciones (o cruces) del ser civilizado con el irracional, lo cual distiende siempre entre la moral y la ética o las desaparece.

     Para colmo, sus protagonistas (hombres todos ellos; muy actual para todxs los que se mojan los labios con el patriarcado) resuelven de manera virtuosa, lo cual es poco común en el comportamiento humano. Por lo tanto, los textos de Miller trascienden los valores predominantes y establecen la virtud del alma humana a partir de casos que por su carácter (¿divino o milagroso? No, simplemente humano) lo logran, sumado a sus circunstancias, sea por su educación, o por su profesión, por su empleo, iluminan en el escenario la complejidad de nuestra especie, en una época de interconectividad productiva y digital: Por un lado, un coctel de valores que no sirven para nada y, por el otro, nuestras vivencias de la infancia. 

     Las cinco obras logran dimensionar a nuestra especie de forma bella (hermosa) y rotunda, es decir, con horror calculado, pero considero que las más efectivas están en los personajes y situaciones de Panorama desde el puente y, de manera más educada (y por lo mismo más oscura) en Después de la caída. En la primera, el protagonista termina en una pelea de cuchillos; la otra termina en una decisión que lleva al protagonista a traicionar a todos sus familiares, amigos y demás apegos para darse la oportunidad de contraer matrimonio por tercera vez. Le vale, y ¡qué bueno!

     Se habla mucho de los otros textos: Todos eran mis hijos y  Las brujas de Salem, pero al descubrimiento que hace Miller en La muerte de un viajante, le da continuidad en Panorama desde el puente y en Después de la caída. La sustancia dramática que estos textos sugieren para el escenario, potencian momentos fundamentales en la vida moderna, como lo es el proteger lo que se ama o, la estabilidad y propósito de vivir en pareja. Es decir, socava y destruye la base de la vida social contemporánea, o la explica. Lo cual debe ser un alivio para quien lo atestigüe frente a un escenario con excelente producción. Lo que de nuevo nos devuelve a la realidad mexicana para lograrlo.

      Creo que la obra más factible de producir es Panorama desde el puente: La animalidad y el corazón protector del protagonista, un hombre (masculino) que tuerce la realidad de quienes lo adoran y admiran hasta que estos lo detestan y repelen; muere seguro de que su error solamente puede lavarse con su sacrificio. Es como si los problemas más inmediatos, de pronto, fueran  absorbidos por una sola persona a la que estamos dispuestos a matar. Y así ocurre. Díganme ¿Dónde hemos visto ya esa historia? Claro que es una genialidad trabajar sobre la dinámica del mito bíblico del viacrucis cristiano, consciente o inconscientemente, pero ahí está revitalizado, actualizado. Y nadie levantará una Iglesia a Arthur Miller por ello. Es un texto dramático que sugiere un trabajo profundo para preparar al espectador hasta exponerlo a un efecto preciso: el asesinato ritual de quien está en el centro de lo mejor y lo peor de una época y una sociedad. Miller lo hace desde los migrantes de entonces, los italianos; plantea en escena la frontera o periferia de la cultura dominante norteamericana de 1955; demarca con sus ambientes el fin y el principio de nuestra civilización más urbanizada. Un asunto muy actual (A pesar de las aculturaciones venidas de Asia) porque no hemos cambiado para nada, seguimos en la frontera que se vive en Panorama desde el puente, que cada vez extiende sus márgenes de miseria humana con otras migraciones, como la mexicana. 

     En adelante, aprovecho el espacio para destacar algunos apuntes sobre los textos restantes del mismo libro: 

 

1.-Todos eran mis hijos. Para grandes actuaciones, y lo digo porque si no funcionan, es muy fácil que el espectador lo tome a broma. Podría decirse que es la de menor producción y la de mayores alcances comerciales ya que es sumamente reconocible en sus motivos y, es de efectos continuos que impactan en el espectador (si está bien actuada) hasta descubrirnos la verdad que tanto avergüenza a la familia Keller, lo que vuelve necesario el suicidio del primogénito y del patriarca para rezarcir el daño, protegiendo con ello al único hijo vivo, heredero de una industria próspera manchada con sangre.


2.-Muerte de un viajante. La complejidad del escenario es la base de su espectáculo. La actuación del protagonista es fundamental porque debe ser evidente su degradación interior, cada vez menos conectada con la realidad. El efecto final es escalofriante ya que dejamos de  ver al personaje y solamente estamos frente a su tumba. Esta despersonalización juega con la realidad que se puede vivir con la muerte de familiares cercanos. No es para llevarlo a una película; el simbolismo que se logra en un escenario reúne a la comunidad, esa reunión es la que le da el efecto final a esta obra.


3.-Las brujas de Salem. Absurda e irreal, eso es lo que debe decir el espectador mientras contempla el escenario, y negará esa realidad escénica por conveniencia moral, más no porque sea una obra mediocre. Lo curioso es que, conforme avanza la obra en sus cuatro actos, nos sentimos cada vez más familiarizados con las víctimas, al grado de aplaudir lo que el protagonista decide hacer: abandonar (traicionar) a su esposa, a su bebé, con tal de mantener en la memoria de los sobrevivientes algo tan despreciado hoy como lo es la dignidad.


4.-Después de la caída. Dos actos completamente distintos. El primero se mueve en los asuntos de interés colectivo; acaba ese acto y nos sentimos dignos. Pero llega el segundo y cambia todo, se mueve en los asuntos de interés individual, se adentra en la oscuridad de la belleza, de la pareja ideal que se convierte por sus virtudes en una bomba de tiempo que acaba con todo lo logrado:  belleza, amor, regocijo; que se ven sustituidos por el derroche, la desconfianza y el poder. El protagonista se rescata en el instante que la vida se lo pide. Sí, la dignidad de nuevo, pero desde el rostro oscuro, animal, como si la dignidad humana estuviera más allá de lo ejemplar y fuera esencial, innata, en todos y cada uno de nosotros; otra cosa muy distinta es tener ganas y razones para activarla.

      Lo que queda muy claro es el poder que posee una persona (cualquier persona) para hacer lo que sea; lo cual es aterrador, ya sea que lo haga desde la ingenuidad o desde lo intelectual. El punto que observa Miller está en la capacidad que tenemos para desprendernos de los afectos, con madurez o sin ella. Al plantearlo le quita lo complejo porque implica acción, no un sueño de realización, no un deseo sino acción. Pero antes de que el protagonista acceda a esa realización y la miremos como espectadores, termina la obra de manera abrupta. Suponemos que la realización se logra pero no la vemos. Compromete con ello al espectador. Nos desenmascara; nos presenta a nuestro ser esencial que termina sobreponiéndose a nuestros otros yo que respondieron a las exigencias con las cuales crecemos: el ser hijo, el ser amigo, el ser profesional, el ser pareja, el ser padre, el ser vecino, familiar…; todo ello la obra lo hace a un lado (traiciona) para que seamos fieles a nosotros mismos, sin egoísmo; abrazar nuestras carencias y deformidades. Suena bastante bien, sin embargo, la obra es una prueba de que puede lograrse o que debería lograrse. Es una obra para más de 20 actores, con un dispositivo escénico de plataformas que tienen como base una de las torres de vigilancia de los campos de concentración nazis, para dimensionar que no se trata de un asunto cualquiera sino de humanos que abandonan el teatro más seguros de esa inseguridad que la existencia derrocha en nosotros. 


5.-Claro, caminar en la oscuridad siempre es una purga de la que se aprende con dolor. Pero nos reubica y nos muestra, aunque a veces sea demasiado aprendizaje para digerir; como sea, se presenta con las dimensiones que necesitemos para verlo, creerlo y asumirlo. Eso son las obras de Arthur Miller, una especie de terapia de shock, bastante eficiente si se acompaña de la producción y actuaciones requeridas. Material altamente delicado.

domingo, 20 de febrero de 2022

POR LOS RINCONES

Javier Acosta Romero

usygly@gmail.com


Por los rincones 01 (Fragmento) Javier Acosta. 2022

  1. Las muertas (1977). De Jorge Ibargüengoitia.

A estas alturas es una lectura de digestión rápida, rebasada por los materiales documentales que se pueden conseguir en internet para contextualizar históricamente el asunto  de las Poquianchis.

La recreación de Jorge Ibargüengoitia es hasta cierto punto ingenua, al hacer de la atracción física una fuerza fundamental, detonante de situaciones criminales que se dan en la novela por mera ignorancia. Ibargüengoitia no le entra al trabajo fuerte de recrear los pormenores de mentes asesinas, al contrario, destaca la humanidad ingenua de los "inocentes" criminales, algo puramente circunstancial, naturalista. De todas maneras la lectura se evade como el agua y se deshoja con velocidad hasta convertirse la diégesis en un mero listado de apuntes de corte periodístico que alejan el material literario hasta eliminarlo del panorama lector.

–¿Debemos leerlo?

–¿Por qué no?

***Edición consultada: Gandhi ediciones, 2017


  1. El lugar donde crece la hierba (1959).  De Luisa Josefina Hernández Lavalle.

Capítulo 13. Creo que leer esta novela tiene como propósito principal llegar al capítulo trece. Luego, en el 14, ya no hay manera de evitar la realidad, se llena de grietas el imaginario del personaje principal y con ello deja de ser un ser extraordinario. Y creo que no podía ser de otra manera. Además, como se trata de un encierro domiciliario autoimpuesto, tiene varios ecos con nuestra época, sobre ese estar recorriendo un mismo espacio todos los días y tanto tiempo que, con sensibilidad, puede dejar de ser ordinario porque empezamos a percibir todo un universo apacible, donde abundan las sorpresas (Si se es sensible; caro papel de la literatura). Es placentero palpar el movimiento con que la protagonista, casada con un hombre más jóven, golpea en la espina dorsal del dueño de la casa donde la ocultan para evitar que la policía la atrape. La protagonista es simplemente una ninfa que obliga al casero a desprenderse de su propia piel para dejar a la luz lo que de otra manera no podía llegar a su vida: la belleza, la genialidad, la locura deliciosa  de aquel ser femenino al que siempre se resiste.

Lástima (y no) que el despilfarro de belleza tenga un límite y veamos cómo el mismo personaje que fue nuestra adoración se vulgariza hasta el punto que al final deja de importarnos lo que le vaya a ocurrir en la cárcel ¡Que la refundan! 

Regularmente los novelistas nos enamoran de un personaje, lo disfrutamos, lo sufrimos y nos atormentamos con su muerte, muy complacientes la mayoría. En ésta novela, en cambio, al final podemos echar a la basura la novela, traicionados por el desenfado con que la supuesta ninfa nos quita la venda de los ojos. No sé quién lo puede disfrutar pero es maligna esta propuesta, provoca el desencanto. La literatura puede dar siempre a manos llenas (como es el caso), pero así como da, arrebata; es lo que ocurre en esta novela que es magnífica por lo mismo: Inteligente y bella (con estilo) pero traidora a partir del capítulo 14, donde la realidad se vislumbra hasta imponerse con su crudeza indómita en los últimos capítulos (Son 20 en total).

Hay que leerla, aunque al final duela en serio. Bendito efecto de aniquilación.

***Edición consultada: UNAM, 2019

  1. Flush (1931). De Virginia Woolf.

Es un texto intencionadamente agradable, presentado con seriedad y pompa intelectual por Virginia Woolf (al menos en el tono), que se la pasa elaborando reseñas, comentarios y variaciones narrativas sobre situaciones y aspectos biográficos a partir de documentos de la poeta Elizabeth Barret Browning, allegados y época; poeta a la cual no hubiera conocido si la Woolf no hubiera realizado la biografía literaria (un texto travieso, todo un gusto personal) del perro cocker spaniel de la que Barret fue dueña, amiga y centro vital, lo que deja en ruinas una época flush, un acontecer flush en la vida de la poeta y en la vida de las tierras europeas que el canino olisqueó y orinó, convertido en un ser excepcional por las construcciones de la Woolf. Talento literario que se impone lúdico y ambicioso para que no decaiga la sustancia del texto ni siquiera cuando llegamos al punto final. Nos descubre con descaro recursos literarios para  mantener en la sustancia artística un asunto banal, como lo es la vida de un perro. Pero se lee porque se tiene también amor por estos animales (Incluso yo tuve un cocker spaniel que fue todo un infante hasta que se llenó de bacterias carnívoras por la estupidez de muchos que desestimamos su aparente buen estado de salud). Toda mascota querida merece un monumento literario como el formulado por la Woolf, porque es innegable que cuando se adora a una mascota es porque recibimos mucho de esta, hasta agotarla y volverla un adorno viejo que se detiene en el tiempo con nostalgia. Insaciables como somos.

–Debes leerla, criatura.

–Pero ni a perico llego.

–No lo dudes. Te harás de un perico luego que termines Flush.

***Edición consultada: Textofilia ediciones, 2013





sábado, 8 de enero de 2022

El Complot Mongol / de Rafael Bernal

Texto narrativo: EL COMPLOT MONGOL

Autor: Rafael Bernal.

Género: policíaco, en tono de melodrama-cómico y con estructura de obra didáctica.

México. XII. 2008.

Esta es una novela de culto, los lectores asiduos la adoran, le tienen su capillita, pues es de los primeros textos mexicanos de género policiaco bien logrado. Incluso, hay quienes aseguran que este texto de Bernal es la mejor novela policiaca mexicana y de las mejores a nivel hispanoamericano. Por mi parte lo que me atrae de este texto es lo siguiente:

            En este texto ocurre que el protagonista es un gatillero, un matón, un agente policíaco que sólo es requerido para asesinar. Sin embargo, en la novela vemos cómo empieza a enamorarse de una refugiada oriental, una muchachita muy hermosa. El problema es que la consolidación sexual no se da, se va retrasando y retrasando hasta que la muchachita es asesinada por su protector en el momento en que parecía resuelta la novela; entonces el gatillero se vuelve un demonio vengativo que acaba con sus jefes y con el asesino de la muchachita, quien era también un amigo del gatillero. La novela parece que acabará del modo más conveniente para todos los personajes cuando Bernal decide cegar de celos al protector de la muchachita, desencadenando la reacción de venganza ciega del gatillero, que le muestra al mundo que su propio actuar tiene un límite, y donde el actuar de los demás depende de ese límite. El mundo rebasó el límite, acaba con el mundo matando a todos los implicados de todos los bandos posibles.

            El movimiento vital se da con la configuración de un amor que es eliminado, con lo que el desenlace muestra la reacción frente a esa enorme pérdida personal, una pérdida que alcanza a afectar a todos los personajes que integran el complot que se maneja desde un principio. Así que esto, más que una narración policíaca, es una declaración de principios, y enseña la obediencia a esos principios que son personales, propios del gatillero que sobrevivió a los gobiernos militares y a los mandos civiles. Filiberto García, el gatillero, se erige como un hombre singular, ejemplar, idealizado, de la misma manera que el personaje de una obra didáctica divertida, en tono de melodrama cómico. Su efecto, por lo mismo, ejercita en el lector sentimientos excelsos, por encima de los valores morales que rigen en lo ordinario, a la par del protagonista o como el protagonista, a quien se admira y se quiere, con quien se duele el lector cuando ocurre la enorme e infinita pérdida que solamente Filiberto y el lector comprenden, nadie más, con lo que se mantiene la acción en los asuntos de interés individual, personal, íntimo.

            Quien descubra críticas a la vida política de esa época, no debe perder de vista que son críticas inofensivas, de un héroe oculto, de un renegado, cuya inmunidad depende del capricho del gobernante en turno y sus mandos. Este texto no es capaz de cambiar el fondo del problema político, por lo que es una novela que juega con la idealización, nos regodea con ella, nos fortalece en el valor ético de lo que debería ser la justicia cuando se le niega el amor de su vida a un servidor público.

            El complot Mongol es un texto divertido, que nos emociona con los claroscuros de un hombre perfecto en su naturaleza de gatillero, pues es como todos los gatilleros deberían ser. Lástima de destino, pues su deseo amoroso se ve frustrado aunque no por ello su ética se transforma. Para nada. El protagonista es un hombre íntegro, en toda la extensión de la palabra y para admiración de todos.

Complot (Javier Acosta y ... / 2022 / Fragmento)