martes, 30 de julio de 2024

EL LLANTO OSCURO: Sobre un poemario de Harold Alva


 Poemario: La caza puede esperar (Editorial Suma. 2023) de Harold Alva (Perú. 1978)


EL LLANTO OSCURO

Javier Acosta Romero

Dos vertientes pueden encontrarse en el poemario de Harold Alva, La caza puede esperar, la primera es la animalidad de lo humano que la fábula trabaja desde hace miles de años en lo que se conoce como prosopopeya; lo traemos en los genes y lo encuadramos de manera coloquial simplemente al gritarle a alguien con molestia “animal”.

Nuestra oscuridad es animal, así que la primer vertiente de Harold Alva es sumergirse en esa oscuridad  para descubrir su belleza en un jaguar que ruge en la tormenta, en otro cuyo sigilo alerta a unos cuervos, en un puma que irremediablemente bebe alcohol como lo haría un hombre para darse valor (“En esta mesa un puma bebió / los tragos más fuertes de la tarde”). Ese camino inevitable que va de la naturaleza a la civilidad , cae por fuerza en la oscuridad humana de la guerra, donde también hay belleza por quienes escriben desde ese afán imperial de arrancarle por fuerza a la naturaleza un poema.

Entra entonces la segunda vertiente, que conjunta los apuros y singularidades creativas de la escritura. El poeta hace uso de sus recursos, pone en práctica sus saberes técnicos, se aleja de la oscuridad para entrar en los territorios de la formalidad de un poema; exigencias emotivas (quizás no sanas) pero efectivas para el poeta (“Toco un poema: / le hablo de mis animales, / de la emoción de mis bestias; / lo abrigo / con la ansiedad de escribirlo.”); versos que en adelante lo llevan al origen, lo redirigen al redescubrimiento de la imagen materna, la imagen paterna, a la seguridad pasajera de pisar en firme el equilibrio de estos lances literarios, técnica y oscuridad: llanto, el llorar humano (“Un hombre que ha muerto tantas veces / tiene claro que la vida es un espejismo, / un animal insólito en cuya piel afila el cielo. // Por eso aúlla, / por eso el sauce es su metáfora perfecta”); oscuridad desbordada que delata soledad y finitud existencial, la impotencia humana frente a las fuerzas vivas de lo natural.

Pensaba transmitir el poemario de mano en mano pero, esa cosa humana del atesorar me llevó a este acto del comentario y la creación de expectativas que espero sea suficiente para que alguien más aceche hasta dar con el poemario aguerrido de Harold Alva.


domingo, 7 de julio de 2024

Los designios del agua (2022) - América Femat


 Poemario: Los designios del agua (2022. BigBang Ediciones), de América Femat Viveros (México, 1984).

Escribí el 8 de julio de 2024 lo siguiente, de manera muy inocente; pero al final planteo una interpretación del mismo poema mucho más centrado:

CUERPO AL AGUA

Javier Acosta


Respiro hondo y me dejo elegir un poema como universo-muestra (fragmento) de esta especie de frontera líquida que es Los designios del agua, poemario espléndido de América Femat, ecosistema de asociaciones marinas donde títulos como Estaciones, Proeza, Migraciones, Mar espejo, Primer salto, son alimento para el ojo inquieto o para el alma errante. Ejemplo, Signo Espejo I-VI que dice [Nota irruptiva: Lamento el destrozo visual que haré del poema; recorrerlo página a página es otro deleite porque cuida las dimensiones del libro, los espacios entre versos, la tipografía y además, le acompañan dibujos alquímicos de cuerpos oceánicos y humanoides, de la artista Renatta Vega, que abre aún más los sentidos y senderos en la poesía de América Femat]: 


Signo Espejo

I: Todo la mar /    la cresta enlaza, / todo el mar /    la cresta vence. / Oda al mar/      –Él–    /   todo reclama.

II:  Parece disolverse; / justo ahí, donde los cuerpos arcillosos y grávidos / nacen acantilado / –filosa luz en furores– / quien la línea ecuatorial aduna, quiebra el espejo.

III: Bullicio de ausencia / –mi cristal– / lo pulo de recuerdos.

IV: Pez que atesoro / habita / en desmemoria / –símbolo atlántico sin mares–. / De vórtice henchido, su insistencia es caótica / –envés– todo sucede /      Desanudada boca del pez.  / Cúspide y declive, su anzuelo / encendido me atraviesa /      de los designios del agua.

V: Hoy advierto todo el astrolabio de su ceniza, / toda la herrumbre de los rostros enmohecidos. /           A este nuevo hemisferio del espejo, / también se le llama hogar.

VI: Quiero ir hacia la fuga / –línea horizontal y distante– / hacia el himen de la costa / –en duelo estoy– las astillas del mar reclaman /             sobrevivientes.


Revisemos el primer fragmento, Signo Espejo I: Todo la mar /    la cresta enlaza,/ todo el mar /    la cresta vence./ Oda al mar/      –Él–    /   todo reclama.

A oído de pájaro, se advierten situaciones como estas: “toda la mar” - “todo el mar” - “Oda al mar”; “la cresta enlaza” -”la cresta vence”; “todo” - “todo” - “Él” - “todo reclama”. Sólo por el sonido se percibe la inmensidad, la fuerza de ese mar que está en el espejo y que sólo puede ser el cuerpo del usuario/a del espejo. 

Veamos el segundo tiempo, Signo Espejo II:  Parece disolverse; / justo ahí, donde los cuerpos arcillosos y grávidos / nacen acantilado / –filosa luz en furores– / quien la línea ecuatorial aduna, quiebra el espejo.

Es como si el espejo hablara, al tiempo que el usuario escucha y su imagen se disuelve con esa exigencia sonora, “justo ahí, donde los cuerpos arcillosos y grávidos nacen”; para adentrarnos en el espejo, caernos, abismarnos: espejo - “acantilado”. Y la imagen poderosa del ecuador del usuario en punto intermedio entre su cuerpo y el reflejo: el cristal mismo.

Descubrir los secretos rítmicos, las situaciones dadas por las imágenes, los temas que apunta este poema, son cosas que es muy difícil guardarlas en secreto; uno siente la obligación de divulgarlo, de compartir lo que pocos poetas logran cuando se habla de arte o de intensidad en la lectura de un poemario. Revisemos el tercer momento. Signo Espejo III: Bullicio de ausencia / –mi cristal– / lo pulo de recuerdos.

Efectivamente, aparece el cristal porque el usuario toca el espejo. La manera como lo hace marca un recorrido de ausencias y nostalgia; y aquí nosotros aportamos los rasgos que se heredan, las marcas que se agregan. El tiempo transcurrido es evidente en un cuerpo físico, que puede ser agradable si estamos bien con nosotros mismos. Es la nostalgia del usuario del espejo quien vuelve evidente que algo falta, algo busca, algo requiere retener aunque sea como recuerdo. Limpia el cristal para encontrarlo.

Cuarto momento. Signo Espejo IV: Pez que atesoro / habita / en desmemoria / –símbolo atlántico sin mares–. / De vórtice henchido, su insistencia es caótica / –envés– todo sucede /      Desanudada boca del pez.  / Cúspide y declive, su anzuelo / encendido me atraviesa /      de los designios del agua.

Aquí se vuelve evidente un preciosismo del lenguaje con que la poeta plantea la frontera de cristal (el espejo); aquí lo hace con la palabra “–envés–”, pero en el fragmento III, lo hace con la frase “–mi cristal–”; y en el fragmento II es con la tipografía, en el verso “nacen acantilado”; “nacen” es el final de una idea (“justo ahí, donde los cuerpos arcillosos y grávidos / nacen”) y, “acantilado” es planteamiento de una nueva idea (“acantilado / –filosa luz en furores–”). El poema no solamente plantea un abstracto usuario del espejo, también se da tiempo de lograr una arquitectura de lenguaje que se puede ocupar, conocer, para observar el mismo fragmento y los que le rodean. 

El fragmento IV arroja un pez al usuario, la forma de ese pez está en la anchura y profundidad de su boca. Muerde el anzuelo y, por primera vez puede pensarse que el usuario sea femenino ya que la fuerza fálica del anzuelo fertiliza la boca de ese pez al arrojarle un golpe encendido que la atraviesa. Hay fuego en el agua, una especie de fuego griego que cierra con el verso que le da título al poemario: los designios del agua. Es un fragmento altamente erótico. La poeta es absoluta, no se guarda recursos, sostiene esa catástrofe existencial (o cataclismo) de quien se mira y se encuentra en ese espejo. 

Quinto segmento. Signo Espejo V: Hoy advierto todo el astrolabio de su ceniza, / toda la herrumbre de los rostros enmohecidos. /           A este nuevo hemisferio del espejo, / también se le llama hogar.

Se hace presente lo sombrío, una obligada toma de consciencia que matiza el horgasmo del fragmento anterior; descubre las cenizas, la realidad que se impone como es y la aceptamos. Un acto de aceptación de las cosas como son, llega a ser la actitud más prudente y menos dañina, muy a nuestro pesar.

Sexto y último fragmento. Signo Espejo VI: Quiero ir hacia la fuga / –línea horizontal y distante– / hacia el himen de la costa / –en duelo estoy– las astillas del mar reclaman /             sobrevivientes.

Y de la toma de conciencia, se adentra en la tradición antigua de la tragedia: el terror. Es en el terror que se desea lo imposible, lo absurdo: volver al estado virgen, infantil (el himen de la costa); un disparate, porque el dolor que se adquiere con la aceptación de las cosas como son, conlleva efectivamente un duelo, propio del mundo adulto, estado donde el dolor se asimila, se guarda, se ventila, se recuerda y se observa sin tregua en un espejo.

Termina el poema, una muestra de ese piélago de América Femat, Los designios del agua, nutrido de arte y de vida intensa. El mar con el dolor, el mar en la oscuridad, el mar a pesar del olvido. El mar como el cuerpo o los cuerpos. Con lo que sea que el mar signifique. Cual sea su género. Con este poemario vivo, de autora tan vital, se sobrelleva el mar. Salimos a la tierra.

ACTUALIZACIÓN, 8 de marzo de 2026: Me disculpo por la inocentada del espejo; hoy me es claro que todo el tiempo el poema citado plantea una relación de pareja basada en lo sexual, donde la imagen del espejo es la presencia del otro en una unión equivalente al fenómeno espejo. La lubricidad del mar y del pez más lo tempestuoso de estos elementos dan cuenta poética de lo que llega a ser la pasión de una relación basada en los encuentros sexuales que hacen del cuerpo el receptor sensible donde es difícil identificar al actante activo y al pasivo porque al final queda el cuerpo sensible, el ser sensible desprovisto de exigencias sociales, morales, políticas o egoístas. Queda la nostalgia como tal, la herida como tal, la muerte de una relación como tal, sin revanchismos. Sin género, lo que es una virtud creativa de un talento y un corazón lleno de sabiduría.



miércoles, 22 de mayo de 2024

La Tarde - Libro de cuentos de Javier Acosta Romero

EN LA OSCURIDAD: CUENTOS DE "LA TARDE", DE JAVIER ACOSTA ROMERO

usygly@gmail.com

Sería hermoso que las cosas fueran como yo quisiera, incluso, hay una edad (la infancia) donde eso se vive, al grado de defender nuestros caprichos con berrinches, gritos y pataletas, hasta que la realidad como tal (la alienada) termina de mostrarse e imponerse en la cotidianidad de las personas que queremos. 

    Aunque, valga decir, la vida nos da una revancha para imponer nuestras ideas y pensamientos, se le llama adolescencia o -en otro momento- segunda juventud; ahí nos resistimos de nuevo, con razones, voluntad y pasión (más pasión que otra cosa) a las imposiciones y arritmias del sistema; descubrimos que podemos actuar, conservar un páramo utópico en nuestros sueños nocturnos, en la construcción literaria de universos paralelos, en nuestro activismo social y en las formas de organización comunitaria. Nuestro páramo subversivo se convierte en la oscuridad que el sistema prevaleciente no tolera de nosotros. Y todavía más, en ese remanso de paz, inadvertido para el consumismo y las malas artes de la propiedad privada, descubrimos que ya existe un camino andado, que se le conoce como contracultura, y nos enteramos que vive plácidamente en la poética romanticista y en sus derivados inadaptados: las vanguardias.

 


   Me encanta explicar el romanticismo porque la refiero a la Roma Imperial, la Roma de los césares, la de los gladiadores, el circo y el sometimiento (por no decir anulación) de los otros, los diferentes, los que se resisten al imperio; irracionalidad que evidencia una falta de juicio donde se destaca la pasión con que se actúa y se decide. El romanticismo impone la visión de la sangre derramada, el arrebato, la locura, el descontrol (la pasión), el instinto, la animalidad, nuestro ser animal que es intervenido por nuestro espíritu, que nos hace humanos sensibles, tolerantes, compasivos; porque en la oscuridad animal no desaparece el intelecto, al contrario, lo vuelve evidente, aunque sea como una pequeña luz, un leve destello. La bestialidad vuelve evidente al ser humano sensible, que vive condicionado por el animal que nos ha sido dado como vehículo corporal, orgánico, biológico, con sus ganas de vivir, de imponer y de poder.

    Bajo esta lógica, se entiende la gama romanticista, que va del cisne blanco sobrevolando la noche o el pantano; la dama lánguida, virginal, expuesta a las energías del bosque y de la luna; el caballero andante dispuesto al riesgo, a los peligros, al sacrificio para  protege la pureza de las cosas y los seres; o lo contrario, el criminal traicionado por el remordimiento, el criminal alcanzado por la razón y la inteligencia de un detective; o lo paradójico, el ser extraño, el monstruo desconocido, destruido por la ira ignorante de las personas y las culturas. Luz en la oscuridad.

    Esa luz, en esa oscuridad (por muy leve que sea) es también la propuesta de fondo en los cuentos de La Tarde (2018), libro de Javier Acosta Romero; páginas donde se revisa la oscuridad animal de los ambientes educativos, las afecciones y sinsentidos de la juventud adolescente que es pasión en potencia -euforia- dada por la certeza de libertad con que la juventud experimenta con su identidad en una maquinaria educativa donde el profesorado es otra víctima del sistema, otro cuerpo en crisis que en el mejor de los casos experimenta con su profesión y su ser, con su oscuridad institucional y su brillo extraño de alguien que también fue adolescente, con sueños e intimidad.

La Tarde, es en todo caso un libro de cuentos que invita a andar en la oscuridad más  cotidiana del aparato institucional que son las escuelas, para  evidenciar la poca o mucha humanidad en las dinámicas de enseñanza y aprendizaje, donde se estudia o se convive, donde se es joven una vez en la vida o se es estudiante toda la vida. Tensiones que reproducen lo que es respirar el Mundo, los estados de vitalidad absoluta para observar y seguir embriones sociales que definen su forma, que llevan al punto crítico la madurez de sus órganos, previo a experimentar por primera vez con la adultez de la vida y de las cosas como son.


El Autor




viernes, 19 de abril de 2024

El amante y la espiga - Poemario de Leticia Luna

 Javier Acosta Romero


Siempre me he quejado de esos paratextos que anteceden a los sonetos de Sor Juana, especie de títulos que suponen orientar el sentido que el lector le debe dar al poema. Afortunado el recurso o no, ahí está, de la misma manera que las moralejas en las fábulas de Esopo; manoseadas para responder al sentido moral de las épocas que lo editan.

Pues bien, he decidido hacer un ejercicio semejante, orientar deliberadamente el sentido del poemario El amante y la espiga, del libro FUEGO AZUL (POEMAS 1999-2014), de Leticia Luna. Observaciones y comentarios, son bienvenidos.


El amante y la espiga

“Para besarte es que escapo”, es el verso que me ayuda a sujetar el resto del poema, que construye la temporalidad de una relación erótica entre amantes. Regularmente estas historias se terminan pero aquí el idilio progresa, madura, permanece. Se mantiene con vitalidad, lo que le convierte en un himno prodigioso que apela al éxtasis de los amantes en esos momentos en que presienten que nunca se van a separar. A final de cuentas, aunque en la realidad esta relación va a terminar, la versificación, el salto a la poesía, consagra ese recuerdo. Pastilla de placer en once tiempos.


Obsidiana

“Necesitaba … gritar a solas que has sido mío”. Es una entrada poderosa; razones para tal regocijo hay muchas, sin embargo, el poema nos sorprende al descubrir que el anhelo realizado no parte de cuestiones sociales o monetarias, el personaje descubre que apropiarse de ese otro le conecta con algo más allá de las fronteras de su propio cuerpo, la pone en contacto con la naturaleza más vital, esa vitalidad que obliga a las plantas a elevarse gloriosas hacia el cielo. Termina el poema y sabemos que el personaje implícito (un ella), a quien pertenecen las palabras de los versos, se mantiene dispersa y unida a la vitalidad del mundo con esta relación amante.

 

En los labios de la luna

“convertido en los muchos seres que eres, deja que se gocen uno después de otro:” Como en las artes plásticas, trabajar con un material implica dejarlo ser en la obra. Lo mismo en la poesía, identificado el material se explora en la lubricidad de la palabra al grado de subir la mirada, observar la luna (poseerla) y regresar al viento y sus criaturas el ser de esa relación, con agregados (o heridas) que anuncian el final de un ciclo:  “vuelta a la hoja”, “libro antiguo”, “muerte”. Aunque los poemas guardan su independencia, agrupados bajo un mismo título, El amante y la espiga, necesitaron aquí bajar la intensidad para intentar nuevos ascensos. 


Desde el oasis

En cinco apartados aparecen con peso, con entraña: el otoño, la espera, la ausencia, el presagio. Y aún más importante, es evidente la inacción del amante, la conclusión implícita de la relación, el amor por el amante a pesar del alejamiento. Halagos más que pasión. Una sensación de estar en el umbral del luto. La vida en los suspiros de algo que fallece. Pero si confiamos en la obstinación del ente psicológico a quien parecen pertenecer los versos para que no fenezca este amorío apasionado, esperamos con ansias el próximo poema.


Levitación de los deseos

“Y tú y yo … atravesando … el torbellino azul de los deseos.” Todo ello a partir de la imagen de un volcán, el amante convertido en esa fuerza colosal. La pasión que ha regresado a él, el volcán que se reactiva. Más la idea de peligro o riesgo, el azul opuesto al rojo lava, lo que da un límite, la idea de límite que modula o modera esa relación para que sobreviva.  


Levitación de la vigilia

“El ángel guardado en la entrepierna”, la duda que tardó en aparecer. La realidad de las cosas como son, como si se preguntara, por fin, la personaje  implícita del poema, qué está haciendo, qué es de ella cuando no es su relación amante. Ella misma se llama al equilibrio, al ángel guardado en la entrepierna. Hermosa imagen para una toma de consciencia.


Sin pájaros ni madreselvas

“Pasaré por tu calle como por tu cuerpo”. Es el verso de entrada, la tristeza implícita. La separación obligada. De nuevo el alejamiento del amante. La moderación. El amor de ella por él. Únicamente por él. Una mujer enamorada que esquiva con naturalidad la indiferencia del otro, los peros del otro para continuar con ese placer, esa osadía de sentidos. Se dice mucho que la poesía es emotiva, pero se dice poco que lo emotivo engendra ideas, de esas que se vuelven faros, no ocurrencias. Las ocurrencias se disuelven rápido.


Perla y Jade vs Jade y perla

Se presentan como dos poemas separados, sin embargo, en el ejercicio de lectura se descubre un  juego de cambio de roles. Un poema con perspectiva de género que evidencia el ejercicio intelectual, plástico, para abordar una idea, donde ya no es un amante y una espiga, ni un ella y él. Son la mujer y el hombre, en un juego de roles que le quita peso al género y los une, aunque estructuralmente se presentan como una separación (dos poemas). La unidad como idea. La imposición (realista) de la forma los separa.


Termina el poemario.

Gracias, poeta.


Leticia Luna: Poeta, ensayista, editora, docente y promotora cultural mexicana. Licenciada en Periodismo por la Universidad Nacional Autónoma de México unam y Maestra en Creación Literaria por el Centro Cultural Casa Lamm. Realizó investigaciones de postgrado sobre la obra de José Lezama Lima y Alejo Carpentier en Cuba. Dirige la editorial La Cuadrilla de la Langosta y pertenece al Consejo de Colaboradores de la revista Alforja de Poesía. // http://www.elem.mx/autor/datos/109684

Luna, Leticia. (2014) Fuego Azul, Poemas 1999-2014. San Salvador: Índole Editores.

martes, 20 de septiembre de 2022

EL GRITO



("Skrik" Edvard Munch. 1893)



EL GRITO
-divertimento teatral-

Autor: Javier Acosta Romero

El arte traducirá creativamente la dramática narrativa actual. Edvard Munch marcó el camino en 1893 con “El Grito” / Mario Ficachi.

Personajes: Un hombre y una mujer (ÉL y ELLA). Son vecinos. Treintañeros. Ambos con aspecto dominical bastante desenfadado pero, a pesar de ello, él luce metrosexual.

Cuadro único: Él hace jardinería de su lado, trasplantando un brote. Ella atiende las necesidades de un perro de peluche que sacó a pasear. PAUSA LARGA. Ella descubre al vecino, lo admira en silencio (Se derrite), apresura al perro para regresar a casa. SALE DE ESCENA.

PAUSA. ELLA REGRESA SIN EL PERRO, REVISA UN GRÁFICO COMPLEJO QUE TRAE EN UN PLIEGO DE PAPEL BOND. CRUZA LA CALLE, ABORDA AL VECINO QUE VOLTEA SORPRENDIDO.

ELLA: Hola ¿Confías en mí? PAUSA Te pido que confíes en mí ¿Puedes?

PAUSA. EL VECINO SE ALZA DE HOMBROS, NO ENTIENDE.

ELLA, LE PRESENTA EL GRÁFICO: Este eres tú, haciendo tu propia vida. Esta es tu propia vida. Mira. Y esta de acá soy yo, hago mi propia vida. Con el agregado de que tú me gustas.

ÉL: ¿...Por qué debería confiar en ti?

ELLA: Lo obvio es que aún no sabes que estoy enamorada de ti.

ÉL: …Pero ya lo sé, me lo estás diciendo.

ELLA: Lo que escuchas es sólo un proyecto. Estás enterado del proyecto. El problema es que en nuestra vida cotidiana solamente llego a verte cuando tiras tu basura los martes. Solamente los martes.

ÉL: Lo siento. Nunca pongo atención. Al basurero sí lo identifico.

ELLA: Yo vivo en la casa de enfrente.

ÉL, SEÑALA: ¿Esa es tu casa?

ELLA: No hace mucho pero ya tengo más de un mes viviendo en la ventana que está frente a la tuya.

PAUSA

ÉL: ¿Al otro lado de la calle?

ELLA, ASIENTE: ¡Sí!

ÉL: …Es sorprendente.

ELLA: Realmente agradezco que no acostumbres fijarte en lo que hago, no acostumbro cerrar mis cortinas porque me siento encerrada. Me gusta el aire, que entre el aire, y el sol, que entre mucho sol... PAUSA También me gustan tus plantas; ¡Me gustan las plantas! En general; regaño a mi perro cuando se las come.

ÉL: Le hace bien a la panza.

ELLA: No, no siempre PAUSA ¡Por favor no me digas que eres casado, o que tienes una relación! PAUSA Lo siento, yo sí te he espiado, todo un mes.

ÉL: …Hoy es jueves.

ELLA: ¡Sí! No esperaba encontrarte.

ÉL: Me quedé sin trabajo.

ELLA: ¡Auch! PAUSA Pudiste esperarte media hora, antes de confesarlo.

ÉL: No me preocupa no tener trabajo. Conseguiré otro.

ÉL VECINO MIRA SUS MANOS LLENAS DE TIERRA.

ELLA, SE ALEJA CON CAUTELA: …Presiento que tienes cosas más importantes qué hacer. Yo, me dejé llevar… No era mi intención. PARA SÍ MISMA ¡Ah! ¡Soy tan emocional! PUEDE DECIRSE QUE CRUZÓ LA CALLE PARA REGRESAR A SU BANQUETA. DESDE AHÍ SE DESPIDE AGITANDO UNA MANO. REALMENTE NO ESTÁN LEJOS. ES MÁS UN CAMINO QUE UNA CALLE. PAUSA. EL VECINO LA MIRA CON CURIOSIDAD. PAUSA.

ELLA: ¡Que tengas buen día!

ÉL: …Vecina ¿Podemos empezar con un simple plan?

ELLA, VUELTA A LA VIDA: ¡...Obvio, sí!

EL VECINO CRUZA LO QUE PARECE SER LA CALLE. LA MUJER LO RECIBE Y SE ENTIENDE QUE LO HACE PASAR A SU CASA HASTA QUE SALEN DE ESCENA. EN TANTO:

ELLA: Tengo toallas extras… Y espacio. Mucho espacio, por si quieres…

ÉL: Empezaré lavándome las manos, están llenas de tierra.

ELLA: ¡Yo adoro la tierra! ¡No te laves las manos! ¡Ahorita no, por favor! Quiero decir, que sea lo que pase, con todo y tierra. O sin tierra.

VOZ ÉL: OK. Y ¿Tu perro?

VOZ ELLA: Encerrado. Algo me decía que el proyecto… Que este plan… PIENSA EN VOZ ALTA ¡Dios mío! ¡Gracias!

OSCURO / FIN

Ciudad de México, septiembre 2022




lunes, 5 de septiembre de 2022

Coca-Cola Reforma su Imagen Social

LOS NUEVOS TIEMPOS

Javier Acosta

usygly@gmail.com


Los carteles publicitarios tradicionalmente aparecen en espectaculares y en publicaciones periódicas de papel, sin embargo, han escalado con éxito en la inmediatez de las publicaciones digitales, a las que ya invadieron de diversas maneras, convirtiéndose en la fauna más nociva de las pantallas. Es el caso de un cartel publicitario de la empresa Coca-Cola, que no dejó de atosigarme cuando terminaba de leer cada texto que me interesó del periódico La Jornada en uno de tantos días, hasta que fue demasiado y decidí echar un ojo; supongo que eso es lo que esperan que hagamos, preguntarnos qué hay ahí y exponernos a la imagen. Es la siguiente:

La titulan como Acciones que fomentan la cultura de reciclaje y el amor por México, lo que de entrada orienta la comprensión consciente del lector. Suena a una temática contemporánea, un asunto de interés general, incluida una solución parcial, nacionalista: ir por nuestras hermosas playas mexicanas juntando la basura. Pero de manera más sensible, el lector puede comprender la imagen en una evolución como la siguiente:

1.- En la imagen, la basura son botellas pet, sin que ninguna se parezca a la basura que los clientes de Coca-Cola producen, deslindándose del problema al convertirlo en algo genérico: la basura.

2.-Si  notamos el detalle de la bolsa contenedora de pet está nueva, sabemos que es una acción que apenas inicia, lo cual es mejor a que nunca empiecen. Cinismo puro, pues.

3.-Como personal de limpieza o basureros responsables, Coca-Cola se decide por un estereotipo homsexual; decimos estereotipo porque en realidad la homosexualidad posee mucho más matices y diversidad, pero es la visión de homosexualidad de Coca-Cola, que la considera suficiente para demostrar estar a la altura de los tiempos del cambio, porque aunque Coca-Cola es un emblema del núcleo familiar tradicional (Pareja hetero, más hija e hijo.), avisa a los lectores de La Jornada que Coca-Cola ya puede reconocer y aceptar la homosexualidad (O su idea de homosexualidad), sin que por ello amplíen el concepto de familia ya que en la imagen no hay hijos. Sólo reconocen y aceptan la homosexualidad como ellos la conciben, desde un estereotipo donde lo femenino y lo masculino continúan presentes. 

4.-Para reforzar esta conclusión observemos los símbolos. Mientras lo masculino es fuerza y dureza, un núcleo cerrado como el personaje de la izquierda, mucho más musculoso, más vestido (mucho más cerrado y pesado; incluyamos su bigote espeso), lo femenino -a su vez- es delicadeza y apertura, como el personaje de la derecha, de aspecto delicado, ligero y abierto (El contraste visual es automático); bolsa abierta, manecillas del reloj abiertas, sonrisa abierta, rostro expuesto (mucho más limpio que el rostro de la izquierda), piernas abiertas. 

5.-Sumemos la ubicación de los personajes, el masculinizado a la derecha (lados de la imagen, donde el lado derecho tiende a ser el lado que se identifica con lo masculino), el feminizado a la izquierda (como representación equivalente de lo femenino.) Más el uso del color anaranjado (manijas de la bolsa) muy utilizado por los publicistas para carteles que denotan energía viril exacerbada (es decir, que no necesita de la energía femenina, ahí la homosexualidad).

6.-Pero siempre reforzando la feminidad del personaje de la izquierda (lados de la imagen), al que le agregan un símbolo fálico que empuña con la mano izquierda -lado identificado con lo femenino-; empuña el mango de la herramienta con que se pincha la basura, alineado con la abertura de la bolsa, que actúa como símbolo de la abertura femenina.

7.-Llama la atención también el factor del espacio y ambiente que se ocupa. Una playa de arena esponjosa donde las olas del mar no han llegado, sólo el aire, lo que le da ligereza a la situación, como si se tratara de algo simple, fácil, sin problema ya que es una imagen de solución.


Reformulación consciente: Cínicamente, Coca-Cola intenta lavarse la cara ante la sociedad por una problemática que no detendrá; su solución, sabemos, no es suficiente, sólo un buen gesto. Y espera que sea creíble porque da a entender (con los personajes estereotipados que utiliza) que comprende el espíritu nuevo de este siglo XXI que llama a la pluralidad, la diversidad, la aceptación, la apertura, la concordia. 

Claro que, por tratarse de una campaña de imagen, omiten que el pet no es el único problema. La industria refresquera Coca-Cola, consume demasiada agua dulce (otro tema de nuestro tiempo, al lado del calentamiento global); se sabe que para producir un litro de refresco se requieren 69 litros de agua. Y se sabe también que la salud pública mexicana está muy conectada con la ingesta de refrescos, donde la fórmula de Coca-Cola, por sus efectos, debería prohibirse de inmediato (Checar los enlaces de abajo.)

Claro, el cartel publicitario que estamos analizando es parte de una campaña que dirige la atención hacia un problema mucho más conocido: la basura, que es de responsabilidad compartida con el consumidor, un apapacho para que el consumidor con conciencia ecológica se sienta tranquilo de que su consumo, si bien produce basura, es un problema de todos, no solamente de él; y que Coca-Cola ya está haciendo algo al respecto, consciente de la época en que vivimos y sin dar mayores molestias; otros, en estos instantes, están levantando “esa” basura; “nuestra” basura si se es consumidor. Chequen la comodidad: La playa.


***Cualquier otra imagen retórica que falte en el análisis descriptivo, o información sobre el producto, pueden agregarlo amablemente en los comentarios.



https://www.elfinanciero.com.mx/estados/2022/08/21/la-region-del-mundo-donde-mas-se-consume-coca-cola-esta-en-mexico-te-decimos-donde/


https://www.gaceta.unam.mx/refrescos-de-cola-causan-desde-anemia-hasta-alzheimer/


https://www.jornada.com.mx/notas/2022/08/22/economia/acciones-que-fomentan-la-cultura-de-reciclaje-y-el-amor-por-mexico/

martes, 26 de julio de 2022

POLLITO: Espectáculo dirigido por Micaela Gramajo con textos de Talia Yael (2022)


Signos visuales vs Signos teatrales

Javier Acosta Romero

usygly@gmail.com

 

Termina la función. Lo primero que escucho es sobre la incomodidad de los asientos de la Sala Héctor Mendoza; yo supongo que la Compañía Nacional de Teatro lo hace adrede porque de lo mismo me quejé hace cinco años (*) y, en lugar de tumbar las bancas de madera (polines, nada tienen de bancas) lo único que agregaron fue un acojinamiento desgastado y una almohadilla sobre la que me senté para amortiguar en algo la dureza de la banca, porque ya sabía lo que ocurriría. Igualmente, como la última vez, siendo los asientos la condicionante principal de cualquier espectáculo que ahí se presente, el segundo comentario que escuché fue en función de la duración de la obra; se les hizo eterna. Pues cómo no si en pocos minutos se asienta y acentúa un dolor en la espalda.


(Compañía nacional de Teatro. 2022)


Curioso que con tales incomodidades la gente esté dispuesta a mirar un escenario por más de una hora, eso deberían aplaudir los actores de Pollito (La obra en cuestión), su directora (Micaela Gramajo) y su dramaturgista (Bruno Zamudio). La gente se interesa por el teatro pero, ¿con cuánta legitimidad? Caché un tercer comentario: No entendí nada, dice alguien, y el otro simplemente pregunta qué hora es. De lo que no hay duda es que somos muy aguantadores.

Afuera de la Sala, con el aire de la tarde, se la pasa uno mejor. Adentro, efectivamente, en la escena hubo un desorden bárbaro: Un hombre barbado que entra desde el inicio y que, por permanecer sobre el escenario estuvo creando tensiones y relajando otras, hasta que fue evidente que no se movería de ahí, y que se la pasaría ejecutando el ambiente sonoro de la obra. Los actores estuvieron la mayor parte del tiempo presentes en el escenario sin por ello ser parte de la escena principal (o apoyándola desde afuera pero presentes), yendo al fondo del mismo solamente para agregarse un disfraz si lo necesitaban. Muy extraño el uso del fondo porque resultó ser un espacio más donde los personajes se buscaban, un espacio que establecía un rompimiento con el escenario principal o un complemento –a veces– o un contraste, a veces o siempre... Me pregunto qué hubiera sido si no leo previamente el texto dramático de Talia Yael, el cual supuse debía ser la estrella por haber ganado el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2019. Pues no, no lo fue. Gramajo se ve que hizo lo que quiso (La otra opción es que no dio con  bola). Cosas que en el texto son obvias, como lo es la ausencia del padre de la personaje Pollito, lo ignoró presentando al actor innumerables veces en escena (Más el DJ barbado, Carlos Matus, otra figura masculina poderosa pero que era el ejecutante del ambiente sonoro; en fin, el galimatías que hicieron con la segmentación y significación del escenario). Con tan significativos detalles, alterada sobremanera, la ausencia del padre y de la fuerza masculina fue siempre presencia del padre y de la fuerza masculina, es decir, descabezaron el texto dramático. Nada más.

Otro yerro interpretativo: El marcaje de los universos subconscientes, al que dio su toque personal Gramajo en  el cuadro Pollita pastora (Bueno, hasta los títulos de cada cuadro los desaparecieron; para qué tanta dedicación de Talia Yael en su texto, ¿quién va a fijarse que se trataba de un estudio?) al desenmascarar a la cabra-abuela y mostrar ¡a la mamá de Pollito…! La mamá. La mamá, que tiene su propia línea dramática… Y la abuela tiene su propia intervención simbólica como cabra sacrificada en relación con la nieta… Un encuentro subconsciente que Pollito debía tener con su abuela; pero Gramajo creyó quizás que la búsqueda debía arrojar alguna conclusión consciente y así decide desenmascarar a la cabra… y cambiarle el signo para que se encontrara con la mamá (¿Pero qué necesidad?) ¿Señala con ello una insuficiencia del texto de Talia Yael? Y ¿el dramaturgista lo aprobó? Brillante mancuerna.

Supongo que es de festejarse que la Compañía Nacional de Teatro se ocupe de producir los textos de los dramaturgos noveles mexicanos; pero si se insistirá en ello, es importante establecer la manera en que se realizarán los montajes porque es evidente que la intención de Micaela Gramajo no era la puesta en escena de Pollito (2019) sino la experimentación, la apropiación de segmentos textuales que desdibujaron (Borraron, descabezaron) el discurso dramático. Menos mal que utilizó a un dramaturgista, cuyo papel es evidente a  favor de los planteamientos plásticos de Gramajo y no a favor de los planteamientos dramatúrgicos del texto. Claro, en un laboratorio teatral pueden pasar muchas cosas, pero insisto, la finalidad era poner en escena el texto dramático. O que sean más claros para la próxima y digan que el texto ganador será parte de un espectáculo y no será puesto en escena, sino emitido en escena o que a ratos sí será puesto en escena (Como ocurrió en los momentos donde se utilizó una plancha de metal donde el texto dramático fue puesto en escena de manera hermosa, y lo digo en serio.) Pero el resto del espectáculo fue una intervención estilística desmedida que transfiguró el sentido global del texto dramático. 

Claro que la gente debe ir a ver el espectáculo de Gramajo, que sobreviviría muy bien solamente con los cuadros donde el espectáculo converge en la utilización de la plancha de metal, una mesa tipo quirúrgica, sin necesidad de sacarla de escena (Que cómo les cuesta trabajo moverla, sacarla y meterla del escenario); que nomás la acomoden para el siguiente cuadro donde la utilizarán, eso será suficiente para que el espectador decida qué hacer con ello. Y otro día, con nueva producción y dirección, el texto dramático de Talia Yael tendrá su revancha.


Créditos, como los presentó la CNT en su primera temporada (2021):

Autora: Talia Yael 

Dirección: Micaela Gramajo

Actores: Aramndo Comonfort, Judith Inda, Dulce Mariel, Carlos Matus, Gabriela Núñez, Nara Pech, Ana Karen Peraza, Alan Uribe Villarruel, Miguel Ángel López.

Dramaturgista: Bruno Zamudio

Diseño de escenografía, iluminación, vestuario y utilería: Natalia Sedano

Montaje coral y Ambiente sonoro: Carlos Matus

Movimiento corporal: Alan Uribe Villarruel

Ilustración: Lau Charles

Asesoría técnica: alexander Judith Inda

Asesoría de Ableton live: Jorge Medina

Producción general Centro Cultural Helénico y Compañía Nacional de Teatro




martes, 5 de julio de 2022

POLLITO (2019): Texto teatral de Talia Yael (1989)


NIÑEZ Y FAMILIA A LA PALESTRA


Javier Acosta Romero

usygly@gmail.com


Acabo de dar lectura al texto teatral “Pollito” (2019), de la joven mexicana Talia Yael. Es un texto redondo, con el contenido necesario para que los ejecutantes se hagan bolas con el desafío de poner o no a una niña en escena, a una adolescente después (el texto sugiere a alguien de 13 años, luego a alguien de 15 años, luego a una núbil.) Se resuelva o no, Tania Yael, urge la presencia de la infancia en escena para mostrarla desde una oscuridad manoseada por adultos, específicamente los papás de Pollito, apelativo revelador ya que contiene el amor absoluto de un papá por su hija, para quien siempre será su pollito; en la historia, ella no está dispuesta a dejar de serlo, a pesar de la edad, del abandono absoluto del papá y de los propios intentos que realiza ella misma para dejar de ser Pollito.


(Portada del libro que contiene la obra Pollito. 2019)

La historia se convierte en un regurgitar que confirma a esta niña en una relación tóxica con su madre, celosas una de la otra por admiración al esposo/papá. No están dispuestas a dejar esa especie de competencia aún con la certeza de que estarán juntas bajo el mismo techo por muchos años. Lo cual esclarece el tipo de material que estamos leyendo, una insanidad muy naturalista, ecos de una sociedad que no está produciendo madurez o responsabilidad en sus ciudadanos ni está orientando a los padres ni a los hijos. Es una especie de comedia negra donde las cosas se ponen cada vez peor ya que la secuencia final apunta a que Pollito se disociará de la realidad, creyéndose no el cariño de papá sino el ave que alimenta a millones de seres humanos: Un pollo de pollería, real, listo para ser consumido.

No vi el estreno que se dió en el Centro Cultural Helénico, espero ir a la temporada que darán en la Sala Héctor Mendoza, en Coyoacán. Me preocupa que en un comunicado de la Secretaría de Cultura, se hable de una mancuerna creativa entre la dramaturga y la directora, pues distinguen como tema  de la puesta “el universo de lo femenino”, lo cual cambiaría el foco principal del texto dramático, que es: la familia, ya que hija y madre desean, anhelan, esperan la completud de esa familia con el regreso del padre/esposo. Efectivamente, Pollito va madurando físicamente, pero esa madurez es el detonante con el que choca constantemente el amor de hija, al que no renuncia y, por lo mismo, observamos cómo Pollito se deforma, negándose a sí misma. 

No es una obra optimista ni feliz. Es sumamente descarnada, sugiere un juego sexual entre Pollito y una de sus primas en una circunstancia donde está vulnerable emocionalmente, por completo desprotegida; lo mismo en otra escena donde se inicia sexualmente con un adolescente como ella que le da lo que esperaba de su papá ausente. Literal. El texto es crudo con el carácter de los personajes principales (madre e hija); señala, por ejemplo, que la madre se orina en un momento en que Pollito asume los cuidados de esta como si fuera la madre y no la hija. Con esa intimidad de hogar se cierran en lugar de abrirse al mundo, hasta quedar en la oscuridad, sin luz (Revienta la única bombilla que las iluminaba).

 No es el centro de la obra la feminidad, es algo que sobrepasa ese aspecto ya que Pollito no es un símbolo ni un concepto sino un carácter bien definido, realista, único. Es también un texto grotesco y veo, en las fotos del estreno en el Helénico, una estética refinada del Cuadro 6: “Pollito pastora”. Pero en el texto hay violencia, incluso se habla de sangre derramada: El abuelo de Pollito (Un fauno hermoso), toma para sí a la abuela (Una joven cabra); escénicamente tendrá que ser clara la violencia con que la toma hasta que se vuelve insoportable para Pollito, que defiende a la abuela, le planta cara al abuelo y rompe así con ese ciclo de madres jóvenes a manos de hombres que les doblan la edad, lo cual le permite estar mucho más al pendiente de su mamá; esto es, si bien rompe con la procreación, Pollito lo sustituye cuidando a su mamá, como si la mamá fuera su hija. Pollito, entonces, acentúa una problemática donde los padres dejan de ser padres y los hijos dejan de ser hijos, intercambiando con comodidad sus roles. Actualizan con ello la imagen de la familia, el concepto de madurez y de independencia que se está dejando de promover y de exigir quizás porque han dejado de ser creíbles o posibles para todos. 

Ya veremos la puesta en escena, a ver qué queda. En tanto, el texto está publicado en la colección Teatro de La Gruta XIX (Tierra Adentro. 2019), por haber ganado el Premio Nacional de Dramaturgia Joven “Gerardo Mancebo del Castillo” 2019; para quien guste picotear en sus páginas.


Fotografía tomada de la página del Centro Cultural Helénico (2022)