
domingo, 29 de mayo de 2016
Es-ese-sees-eses... Hamlet en el Foro Sor Juana

domingo, 22 de mayo de 2016
Shakespeare Diluido
domingo, 17 de abril de 2016
Poética de La Intensidad (2016)
jueves, 10 de junio de 2010
Texto espectacular: ZOOT SUIT (2010)
En cuanto al género, Zoot Suit, es como las tragedias griegas puestas en escena, nos topamos con la distancia estética, con los modos, el estilo de actuación, sobreviviendo lo mismo que en el fondo de las tragedias, su efecto, su esencia cultural, existencial a veces, ética otras, instintiva, moral. Siempre de modo provechoso su mal nos hace bien, su comunión nos involucra (si queremos), renueva una parte de nuestro espíritu (espíritu igual a psique y/o afectos). Zoot Suit es más que pasar un buen rato o es más que reflexionar y sentir. Y el personaje de Henry Reyna venciéndose a sí mismo hasta estabilizarse en una especie de normalidad civil, pues es más que suficiente para hablar de un restablecimiento del orden cuando en un principio se planteaba un desorden. Y el cosmos, sin duda es el de la cultura mexicana, el cual se hace visible y tangible en el desprendimiento del indígena que asciende a las alturas rojas, de sangre; como una masa mítica, porque el resto del tiempo la mexicanidad es natural en la idiosincrasia de los personajes.
Seguramente será difícil aceptar que es una tragedia, sin embrago, para los que persiguen o ven más a Brecht en esta estética, yo no lo vi. Pienso en un clásico brechtieno que ha sido confundido con tragedia, Galileo Galilei, donde la estructura en cada cuadro de su secuencia es demostrativo; todos los cuadros son demostrativos, ahí no hay un cosmos agredido o interlocutor sino que hay un choque a nivel de relaciones sociales, un choque entre un grupo social y otro, entre una ideología y otra; quizá Brecht muestra ahí contradicciones ideológicas pero no contradicciones humanas, a nivel de imaginario colectivo, como sí las hay en Zoot Suit, y por eso preveo que es ya un clásico dramático latinoamericano, que soportará las puestas en escena de generaciones distantes, sean liberales o sean conservadoras, sean revolucionarias o sean de una plutocracia, como lo es la sociedad en que nos desarmamos día con día.
miércoles, 9 de junio de 2010
Texto espectacular: 9 DÍAS DE GUERRA EN FACEBOOK. (2010)
Autores: Luis Mario Moncada (dramaturgia) y Martín Acosta (dirección)
Género: Melodrama.
México. V. 2010.
El texto en escena siempre será una puesta en escena (drama). Pero el texto, ocupado como un elemento más del lenguaje teatral, siempre será sonido (espectáculo). En 9 días de guerra en Facebook, me llamó mucho la atención cómo el texto puesto en escena se iba diluyendo en sonido para luego regresar al drama, haciendo de esta obra una especie de teatro experimental, sin apuesta alguna, donde los creadores parecen más atentos a los resultados y las posibilidades teatrales de un fenómeno comunicativo que está entrando en la vida cotidiana de varias personas: las redes sociales de las tecnologías de información y comunicación (las TIC famosas). Así, en escena, vemos que donde el texto hablado se agota, requiere del espectáculo para salvar al discurso escénico de la aburrición; donde se agota la idea dramática (dramaturgia de Luis Mario Moncada) entra al quite la tesitura espectacular (dirección de Martín Acosta). Y, por supuesto, cuando sólo se está al tanto de los resultados (como ese efecto del colchón cayendo de lo alto sorpresivamente, o el acto de magia para desaparecer a una actriz al final) es de esperar un cierto desconcierto en el espectador, al que los creativos necesitan escuchar. Y lo hacen, abren espacios para recibir conclusiones sobre lo que están percibiendo. Yo, por mi parte, rogué a Dios porque no me acercaran el micrófono ya que iba a soltar un disparate, iba a decir algo así como: “yo estoy de acuerdo con Rosalinda a pesar de que está bien loca”. Claro que no iba a ser el único en soltar disparates. Fue hasta que los espectadores lo permitimos cuando se empezó a opinar de un modo 'serio'. Sin embargo, cuando el discurso escénico nos pidió opinar sobre la pertinencia de haber borrado (sacado de una discusión) a la misma Rosalinda, ocurrió algo curioso, la respuesta del público fue contradictoria o complaciente, al grado de que entró en choque un espectador con la narración escénica, donde ya estaba preparada la respuesta correcta para continuar: “el moderador hizo bien en expulsar a Rosalinda”. Valiendo una observación: en un espectáculo esto no ocurriría, las reacciones de los espectadores fluirían, encontrarían su cause, pero como no lo hubo, el espectador se alerta para quedarse con la historia (con el aspecto dramático paralelo a la discusión), terminando de modo brusco el experimento y obligando al espectáculo desarrollado a aceptar en este caso la supremacía del drama impuesto. Claro, alguien debía ceder. Y si algo se debe aprender de esto es que cualquier manifestación de texto emitido en escena, es traicionero si se le mantiene y se le apapacha dramáticamente. La nobleza de los elementos espectaculares (actuaciones, coreografías, iluminación, efectos visuales, discurso sonoro) soportan a una pareja dramática por más disonante que esta sea, pero, ¿el espectador tiene por qué soportarlo? Dar con el género podría ayudarnos. Yo diría que aunque 9 días de guerra en Facebook tiene una estructura demostrativa, no se sabe bien a bien qué es lo que quiere demostrar; demasiada ambigüedad diluida en algo experimental. Por lo mismo, creo que la discusión que se da entre los personajes no es seria. Y si no es seria no nos queda más que identificar a todo este material como melodramático. Aunque, si bien un melodrama debe entretener, este sería un melodrama bastante aburrido y hasta cansado. Quizá dentro de las zonas del experimento igualmente ocurren efectos “serios”, que prevén la pesadez de la primera parte de la obra. Pero como el experimento se diluye para agrandar un drama enano (porque no me van a decir que la vida pusilánime del personaje moderador es interesante) entonces no se puede confiar en que hayan intentado algo diferente, sigue siendo un melodrama; e insisto, un melodrama bastante aburrido, parchado y que vale la pena por la Rosalinda (Olivia Lagunas) de las primeras tres cuartas partes de la función, después se le nota muy cansada y carente de energía, y no creo que sea más que un efecto colateral del mismo discurso experiemental. Por lo mismo, convendría que 9 días de guerra en Facebook se conservara como experimento, convendría que la historia paralela del moderador se borrara. Convendría arriesgar el espectáculo aunque solamente durara una hora y se quedara con dos o tres espectadores; finalmente, el Foro Sor Juana es un espacio universitario y lo soportaría. O que, realizados estos cambios, 9 días de guerra en Facebook cambie de teatro; ahí está el Santa Catarina.
lunes, 19 de octubre de 2009
CRÍTICA TEATRAL A / “POR FAVOR NO MANDEN RIÑONES POR CORRESPONDENCIA”

No hay una historia qué contar. Hay reacciones a motivos, reacciones a reacciones sociales, a reacciones policíacas, a reacciones del mismo espacio oscuro, vacío realmente. Un espectáculo efectivo. Inmediato. Agresivo; exigente con su espectador. Los actores se declaran actores y nos muestran el juego de lo poco que valen las palabras en un escenario: se declaran actores actuando. Las actitudes, el gesto corporal, la secuencia gestual conducen el espectáculo. Juegan con las intensidades del asesinato y nos guardan un trabajo efectivo con el discurso que forman al relacionarse con la pistola como objeto: precisa, fundamental, atractiva, poderosa: mata a un barbero, mata a un amante, anula la integridad de varios espectadores a los que apuntó por segundos y con actitud, con amenaza, con ganas aparentes de asesinarnos.
Le comento a un amigo sobre este hecho, “te llegan a apuntar con una pistola cargada porque te muestran cómo le ponen 'una bala real', y así, simulando el actor ser El Asesino de Virginia Tech., te apunta y te amenaza”
-¿En serio?
-Pues claro, a mi me apuntó.
Ante esto, mi amigo se indignó, dijo que él sí le hubiera dicho algo al actor porque eso es “pasarse”, eso “no se vale”, “qué te garantiza que esa cosa no se dispare”.
Y es ahí donde entra de nuevo la fuerza del teatro porque fue un espectáculo íntimo, sólo para los que estábamos, no para los que no llegaron. Los que no llegan, es por algo; cada espectáculo tiene su carga y a Por favor, no manden riñones por correspondencia llegan los que están sintiendo la violencia de una sociedad que no libera del todo la discusión que se necesita sobre los asesinatos, la muerte violenta, el perjuicio directo contra terceros.
PD. Siendo más riguroso (¿por qué no?), si bien el espectáculo es efectivo, los actores no son los idóneos, el casting es inexistente; al menos, quien se salva de esto es José Alberto Gallardo, pero los otros dos no significan a la obra o al menos no responden semánticamente a los requerimientos del texto. Cualquiera puede actuar, claro está, pero al armar un espectáculo se debe pensar en el bien del mismo y no en el bien personal o en el bolsillo actoral o en el ego. Esto, no lo dudo, es otra muestra de la crisis económica que le está pegando a todos pues es preferible recibir un dinerito por ser dramaturgo, por actuar y dirigir que, solamente, por dirigir o por dirigir y escribir o solamente por actuar. En fin, allá las conciencias de estos piratas del teatro que porque pueden hacer todas esas cosas, no buscan quién pueda hacerlo mejor que ellos; que los hay. Lo que se pierde, claro, es demasiado, porque si bien funciona este espectáculo, sólo es eso, un espectáculo que funciona, que no defrauda; aunque podría ser algo más (¿por qué no?), podría ser (con un casting) un epicentro cultural; un referente estético del año.
PD 2: Ya sin ser riguroso: es un espectáculo que debe visitarse por lo que se vive ahí si se está dispuesto a confiar en los actores. La propuesta es efectiva; es como visitar el borrador de una gran idea, más no la versión definitiva.
PD 3: Cuando salí del “Foro Sor Juana” mi primera impresión es que vi un espectáculo perfecto para un bar. Lo sórdido del conjunto más el ambiente de un bar ubicaría en su dimensión (con esos actores) a este espectáculo. ¡Teatro-bar! Sería un éxito.
viernes, 25 de septiembre de 2009
JUGAR A MORIR
Sin embargo, a quienes no estamos tan acostumbrados a este tipo de espectáculos: proyecciones de computadora sobre los laterales y sobre el fondo de la ¿escenografía?, nos encontramos aquí con la versatilidad que se puede lograr en el movimiento de las imágenes: explosiones, video, manipulación de imágenes fijas, traslaciones animadas, imágenes grotescas, expresiones irónicas, fondos móviles minimalistas, etc., donde el actor dramatiza con puertas digitales enormes haciendo de Jugar a morir un discurso en el que se notan separados el texto y los recursos multimedia; aunque en algunas excelentes ocasiones su combinación o su soliloquio (solamente multimedia; solamente dramatización) logran fijarse en el espectador.
También debería decir que a lo largo del espectáculo el espectador se acostumbra a estos cambios bruscos del discurso, pero en realidad tantos cambios lo vuelven cansado, nos alejan del texto y alejados es más fácil fijarnos en las particularidades: la tela del vestuario, el maquillaje, el trazo escénico, las medidas corporales de las actrices (Micaela Gramajo, Frida Islas, Florencia Sandoval y Tony Marcín (sic) y del actor Arnoldo Picazzo; también nos da tiempo de pensar en el concepto de la puesta sin llegar a algo concreto (o quizá sí: la sensación de observar un revoltijo de discursos y elementos que al final agotan al espectador). Pero si particularizamos, el espectáculo se salva. No importa cómo sea el personaje que representan y sus alucinaciones (personaje basado en la biografía de la poeta argentina Alejandra Pizarnik), importan más los puntos altos del espectáculo, cuando el texto dramatizado (sin multimedia pero con iluminación) se fijan en el espectador; intensos instantes de emoción: la poeta batallando con sus alucinaciones; la poeta amando indirectamente a su psiquiatra, sin reconocerlo; el psiquiatra batallando con sus propios sentimientos de deseo por esa loca; la fantasía burlesca de las horas del té, los diferentes simulacros de suicidio de la poeta; la enorme soledad del personaje, su descaro sexual que inquietó a varias y varios espectadores; el uso de un paraguas rojo, el uso de una máscara de conejo pero hasta ahí... El resto es cansado, como espectadores recibimos demasiado en esa relación escena-sala, que termina saturándonos por la multimedia y por los cambios de actrices sobre el mismo personaje.
Lo que podría decirle a estos enjundiosos creadores (algunos de ellos becados, que es algo que hoy en día no significa nada) es que aún están experimentando con lo que ellos mismos llaman “transdisciplinario”, término que le queda mejor a las artes plásticas pero no al arte teatral que lo ha hecho todo el tiempo. Lo que no se puede negar en esta experimentación es que también se debe lograr algo concreto con el uso de la multimedia; al menos, no dudaría que un uso moderado de este recurso obligaría a que la puesta dramática se viera más y se siguiera en mejores condiciones para el espectador. Cabría incluso la pregunta: realmente, como espectáculo, ¿qué movimiento emocional-intelectual se le ofrece al espectador? Si la respuesta es un movimiento didáctico, no aprendí nada, no me interesa esa reconocida poeta argentina. Si la respuesta es pasar un buen rato, no es cierto, la biografía inhibe el ejercicio de emociones del espectador pues estamos ahí enterándonos de posibles privacidades de un ser humano que sí existió y que ahora se le balconea con la famosa licencia poética. Pero si la respuesta es una reflexión existencial (percepción de la realidad, filosofía existencial, relaciones humanas trascendentes), se deberían entonces olvidar de la biografía y concentrar sus esfuerzos en un personaje a modo para hilar con delicadeza las mejores escenas de la obra, seguro encontrarían un equilibrio entre la multimedia y la puesta en escena, lograrían un buen espectáculo: concentrado, coherente y maravilloso.
PD 1. Volviendo a la realidad, sabemos que el teatro mexicano no da para realizar este tipo de cambios. Incluso, uno se acostumbra a ver espectáculos armados pero no logrados, no acabados, con lo cual el profesionalismo y la tradición se extinguen, se vuelven inexistentes, se olvidan con rapidez.
PD 2. Políticamente, este programa del IMSS (un programa federal) de acercar lo mejor del teatro mexicano a la población es detestable, pues se les olvida agregar que el teatro que presentan se da en una crisis económica brutal, donde los creadores hacen lo que pueden desde la pobreza, lo cual debería ser una vergüenza para las mismas instituciones que apuestan a la sobrevivencia del teatro pero no a engrandecer el arte teatral. ¿O los mexicanos no merecemos un gran teatro artístico-popular?
PD 3. Debo responderme: “Nos conformamos con lo que se hace desde las televisoras”.
PD 4. Por cierto, el espectáculo (o lo que sea) de Jugar a morir cuesta 30 pesos el boleto.
